domingo, 4 de noviembre de 2012

Capítulo 20


CAPITULO 20

Volvimos a casa y cada uno se dirigió a su dormitorio sin decir ni una palabra. A la hora de cenar, Anne y Carolina prepararon unos sándwiches y un cuenco de ensalada. Cenamos también en silencio. Y cuando me dirigí a la cocina para dejar mi plato y mis cubiertos usados, sonó el teléfono. Era el doctor de Gemma.

Nos sentamos todos en círculo, mientras que el padrastro de Harry, contestaba a la llamada. La conversación fue muy breve y cuando Robin colgó, su rostro no expresaba nada de alegría. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y un nudo de angustia se formó en mi garganta y en mi pecho.

-No.., no puede ser..-suspiró entre sollozos Anne. Se levantó y se envolvió en los brazos de su marido mientras que ambos lloraban.

Giré mi mirada hacia Harry. Estaba con las rodillas flexionadas y con las manos tapando su húmedo rostro lleno de lágrimas. Carolina y yo nos abrazamos. Al principio no sabía cómo debía sentirme, porque al fin y al cabo no conocía demasiado a Gemma aunque había oído hablar de ella miles de veces. Pero tras unos minutos, el gran y ahogador nudo de mi garganta, hizo que mis ojos también se empaparan de lágrimas.

-Es mejor que os valláis ya a la cama- dijo la madre de Harry aún llorando.

-Pero no podremos dormir con esta agonía- respondí yo. Y era verdad, así de ahogados ninguno dormiría. Anne puso cara seria, se secó las  lágrimas y se puso de pie.

-Pues más os vale porque mañana mismo partís hacia el sur de Inglaterra con los demás. No pienso dejar que os quedéis aquí con la tristeza de esta casa.-dijo ella de nuevo, y se dirigió a la cocina indispuesta a escuchar una sola réplica más. Robin asintió dando la razón a Anne y fue detrás de ella para encerrarse en la cocina. Posiblemente preferirían desahogarse fuera de nuestra vista.

-Vamos chicos- cogí a ambos de la mano y los llevé arriba a descansar.

Los dos habían dejado de llorar. Bueno, Carolina aún sollozaba, pero Harry tenía la mirada perdida en alguna parte. Le dejamos en su habitación para que puediera tener también un rato para él mismo y nos fuimos a nuestro cuarto.

Ya allí, mi amiga se puso el pijama y sin quitarse el maquillaje ni nada, se metió en la cama sin decir palabra. Suspiré profundamente, no era típico de ella comportarse de aquella manera y en una situación normal la habría dicho unas cuantas cosas; pero aquella no era una situación normal.

Me metí en el baño, cerré la puerta y me lavé la cara para limpiarla de todas las lágrimas de aquel día. Yo no llevaba maquillaje así que no necesitaba jabones especiales ni nada. Carolina y yo éramos como las típicas mejores amigas completamente diferentes. Ella era tímida, yo no llegaba a ser extrovertida, pero casi. Yo pedía perdón al momento y solía dar la razón al contrario, en una discusión. Ella por el contrario, era un poco orgullosa. A mí me gustaba vestir cómoda y sencilla y para nada me gustaba maquillarme. Ella también vestía normalmente cómoda pero, siempre iba maquillada. Teníamos diecisiete años así que no me importaban sus manías de que el maquillaje conjuntara con la ropa. De hecho, me hacía mucha gracia verla preparando el conjunto del día. El caso es que todas aquellas cosas, nos hacían mejores amigas porque nos completábamos una a la otra.

Salí del baño tras asearme, me puse el pijama y me metí en la cama. Debía descansar porque tenía claro que Anne no iba a cambiar su idea de que nos fuéramos al día siguiente.

Pasaron como dos horas y yo seguía sin poder dormirme. Era típico de mí no tener sueño hasta tarde, pero decidí que aquello ya era demasiado. Tenía toda la espalda empapada de sudor y gotas de sudor caían por mi frente. Así que me levanté, me puse las zapatillas y salí de la habitación.

Baje a la cocina para tomarme un vaso de agua. Estaba abriendo la nevera cuando, de repente, escuché un ruido en la oscuridad. Era una miedica, pero seguí a lo mío con una ola de miedo en mi cuerpo. Abrí la puerta del armario donde se encontraban los vasos y al coger el vaso, otra vez aquel sonido peliagudo volvió a producirse. Alguien estaba caminando hacia mí y yo estaba aterrorizada. “Tranquila, no pasa nada, ¿quién podría ser?”  Pero seguía oyendo pasos, y yo retrocedía hacia atrás despacio y temblando. Caí al suelo de golpe y cuando fui a gritar, me tapé la boca. En ese momento, a pocos centímetros de mí aparecieron unos enormes ojos amarillos. La luz de la luna me alumbraba y entonces el cuerpo salió a la luz, acercándose más a mí. 

Cuatro pequeñas patitas salieron de la oscuridad. Y un pequeño gatito blanco y negro me lamió la mejilla. Respiré de nuevo. Solo era la pequeña gata de Harry.

-Menudo susto me has dado amiguita- susurré, mientras acariciaba su lomo.- ¿Te subes conmigo a la cama? Así al menos ninguna de las dos estaremos solos.

Me levanté, cogí mi vaso de agua y salí de la cocina, seguida de mi nueva amiga, Molly.


Capítulo 19


CAPÍTULO 19

Pasamos a la habitación en la que estaba Gemma. Carolina cerró la puerta detrás de sí y yo me dirigí hacia un espacio apartado pero acogedor en el que había una cama. Allí reposaba una bella muchacha con un largo y oscuro cabello y unos ojos verdes tan brillantes como los de su hermano. Cuando me vio sonrió con una mirada demasiado tranquilizadora.

-Hola, vosotras debéis de ser Emily y Carolina. Harry me ha hablado mucho de vosotras- dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja y con una voz muy suave.

-Sí, somos nosotras – intenté hacer el sonido de una pequeña carcajada, pero el nudo de mi garganta era demasiado grande como para permitírmelo.

-Bueno, ¿qué tal estás? Debe de ser muy difícil vivir aquí con tan poco espacio para guardar tu ropa jaja- las dos rieron y yo sonreí, aliviada porque mi amiga me había ayudado.

-Pues estoy más o menos, muy agradecida de que hayáis acompañado a Harry. Esto debe de ser muy duro para él- un río de lágrimas inundaron sus ojos. Y yo tuve que luchar para que no me ocurriera lo mismo.

-¿Quieres que te traigo un vaso de agua?- Preguntó Carolina. Gemma asintió y mi amiga despareció por la puerta.

Me aproximé a ella y me senté en su cama mientras la secaba las lágrimas de las mejillas. En ese momento comenzó a llorar más aún y a decir repetidamente “¿Por qué Harry, por qué…? “. No sabía qué hacer, Gemma empeoraba con mi presencia pero, ¿por qué?

La cosa estaba empeorando y yo no sabía qué hacer. Gemma me tenía agarrada muy fuerte de la muñeca y no podía moverme para pedir ayuda.

-Gemma , ¿qué ocurre? ¿Qué he hecho?- dije asustada y temblando.

-Harry, Harry, Harry…- no conseguía terminar su frase.

-Sí Gemma sé que quieres que venga Harry, pero si no me sueltas, no puedo ir a bus..

-¡No! ¡No quiero que venga!- gritó ella, eso me asustó aún más- Es que..- me volví a sentar en la cama y la acaricié la mejilla para que se relajase y que pudiera hablarme claro.

-¿Qué pasa? Soy de fiar, puedes confiar en mí. Tranquila, todo va a salir bien- dije ya más relajada y con un tono de voz dulce que consiguió tranquilizarla más.

-Gracias, ya estoy mejor. Es que, desde que llegaste a aquel concierto en Londres, Harry no ha parado de llamarme y hablarme sobre ti. Y la verdad me decía cosas muy bonitas- tomó una pausa. ¿Qué quería decir con todo aquello? Demasiadas preguntas rondaban por mi mente. Así que tomé aire y me dediqué a escucharla con atención- Harry.. Harry... Harry.... te quiere Emily. Pero no como una amiga o incluso mejor amiga. Sé que estás saliendo con Niall, pero Harry no deja de pensar que jamás serás suya y bueno que te ama..- dejó aquellas últimas palabras en el aire.

Durante los siguientes minutos hubo silencio en la habitación, yo me había quedado sin respiración, aquello había sido un duro golpe. Carolina ya me había advertido de ello, pero yo decidí ignorarla. Pero en ese momento sabía que no podía dejar pasar aquello, porque esa vez era de verdad. “Te ama” no dejaba de repetirse aquello en mi mente. Dos palabras que cambiaron por completo mi forma de ver las cosas. Dos simple palabras que me ayudaron a comprender muchas cosas y actitudes que Harry había tenido conmigo.

Carolina volvió con lo que Gemma la había pedido y mientras que se entretenían hablando, le dediqué una sonrisa a la preciosa chica que reposaba en la cama. Ella me sonrió de vuelta y yo me dirigí a la puerta.