jueves, 24 de enero de 2013

Capítulo 21


CAPÍTULO 21

Subía por la estrecha escalera, con el pequeño gatito a mis pies. Cuando llegamos arriba, escuché un sonido muy suave que venía de una de las habitaciones, al otro lado de la escalera. Me dirigí, guiada por el instinto, hacia la habitación de la que provenía el sonido. Según me fui acercando, noté algo raro en el  sonido. Era música. Muy suave y piano, pero era música. Entonces me acordé de que el día que llegamos encontré una habitación que contenía un enorme piano de cola. Y supuse que de allí venía la preciosa melodía.

Al pasar al lado de algunas habitaciones, se escuchó un ronquido  muy fuerte y grave. Molly dio un respingo y se echó hacia atrás asustada. Me reí por lo mona que era, y la cogí en brazos. Cuando llegamos al final del pasillo, había una puerta entreabierta, de allí procedía la música, ahora más alta.

Abrí la puerta despacio, como por instinto. Allí estaba él, con su precioso cabello rizado, y sus brillantes ojos verdes que reflejaban la luz de la luna. Seguía tocando cuando entramos, no se había percatado de nuestra presencia. Molly saltó de mis brazos y fue corriendo a acomodarse al lado de su amo. Entonces, él se giró y me vio. Yo le devolví la mirada con una sonrisa muy dulce. No sabía por qué pero me salió así de tranquilizadora.

-Hola- dijo él sonriéndome- bájate de aquí Molly, aquí tiene que sentarse esa jovencita- le dijo al gato con un tono chistoso.

Cerré la puerta, para que no molestáramos y despertáramos a los demás. Después me senté a su lado. Él me miró, entonces, con una mirada en sus ojos, que era inconfundiblemente triste.

-¿Qué tal estás? ¿Qué pasa, no puedes dormir? – dije yo, de nuevo con dulzura, mientras le cogía de la mano.

-Pues la verdad, no estoy muy bien. Y no, no he podido dormir nada y supongo que tú tampoco ya que estás aquí- respondió, entrelazando sus dedos con los míos.

En ese momento comenzaron a aparecer, en mi mente todas esas veces que el contacto con Harry había producido un escalofrío en mi cuerpo. Cuando Gemma me dijo que me amaba. Aquella vez en el avión, en la que perdí su carta. ¿Qué pondría en aquella carta? ¿Sentiría aquellos escalofríos porque estaba enamorada de Harry? ¿Pero si yo seguía amando a Niall, que pasaría? No sabía qué pensar, qué decidir, qué no decidir, qué hacer. Estaba completamente perdida. Entonces, se me ocurrió una idea, que al menos para mí en ese momento, me quitaría todas las dudas. Pero, ¿y si salía mal? Harry me miraba preocupado.

-¿Estás bien?- me preguntó, acercando su rostro más al mío.

Yo tenía la mirada en otra parte. Entonces, él cogió mi barbilla y la alzó hacia él de manera que le mirara a la cara. ¿Lo hacía o no? ¿Era lo correcto? ¡Basta de preguntas, hazlo! Me grité, hacia mis adentros.
Acerqué mi rostro más aún al suyo, y le besé. De nuevo, aquel escalofrío volvió a recorrer todo mi cuerpo. Le besé durante unos segundos. Aquel había sido uno de los mejores besos de mi vida. Entonces, abrí los ojos, a la vez que él. Leí en su rostro sorpresa, amor, y felicidad. Mucha más que hacía unos minutos. No le veía sonreír así desde hacía días. Y me encantaba verle así de feliz.

Se acercó de nuevo y me volvió a besar, esta vez, más apasionadamente, más tiempo. Me gustó incluso más que el primero, así que no paré. No podía. Había perdido el control.

Me cogió por la cintura y me levantó para volverme a posar sobre sus piernas. De forma que quedábamos cara a cara. Seguimos besándonos, más apasionadamente cada vez. Yo pasaba mis brazos con una fuerza incontrolable por su espalda, mientras que él me acercaba más y más a él. Levantándome en el aire y volviéndome a dejar de nuevo sobre sus muslos. Aquello era, posiblemente, lo mejor que me había pasado en mi vida.

Hice intención de parar, obligando a mi cuerpo, pero no podía. Comenzó a besar mi cuello, suavemente, bajando cada vez más hasta llegar casi a mi pecho. Sus manos acariciaron mi espalda, y bajaron más de la cuenta, pero eso en aquel momento era lo de menos.

Después, sus labios volvieron a posarse en los míos. Y yo me dejé llevar de nuevo. Harry me hacía sentir de una manera que nadie más podía alcanzar. No más que Niall, simplemente diferente. Seguimos así durante muchísimo rato. Y en uno de sus besos, sus labios dejaron escapar un pequeño gemido. Decidí pasarlo por alto y no parar. Sencillamente, porque no podía hacerlo. Mientras le besaba, otro gemido más alto que el anterior, salió de sus labios y seguidamente de los míos. Yo estaba tan pegada a él que podía sentir lo latidos de su corazón como si fueran míos. Entonces noté algo, debajo de mí, algo que se estaba… No, esto tenía que parar. Con mucho esfuerzo, conseguí apartarme unos centímetros de él, me lo permitió, pero no me soltó.

Cuando abrí los ojos, fue cuando me percaté de que, con tanta fuerza en su espalda, le había roto la camiseta y estaba tirada en el suelo.

-Oh dios mío, lo siento, creo que me he pasado de fuerza- dije, sonrojándome.

-No te preocupes, han sido los mejores minutos de mi vida- dijo él con una sonrisa que iluminaba su rostro.

Iba a ser muy difícil decirle que aquello iba a tener que acabarse. Ambos sabíamos que yo estaba con Niall, pero aquello había sido tan hermoso.

-Harry… Bueno.. Los dos sabemos que…- aquello era demasiado difícil. Estaba enamorada de Harry, aunque Niall, era lo mejor del mundo. No podía abandonar a Harry.

-¿Qué esto se tiene que acabar? Sí lo sé…- dijo bajando la mirada. Le acaricié suavemente el pecho, lo que hizo que me volviera a mirar a los ojos.

-Te quiero muchísimo Harry- le abracé. Fue un abrazo muy largo. De los mejores. Me sentía muy protegida en ese momento. Me separé, le di un dulce beso en los labios, me levanté despacio mientras nuestros dedos se separaban, y me fui hacia la puerta.

Después miré atrás, le sonreí, y él me devolvió la sonrisa. Cerré la puerta detrás de mí, y me fui a mi habitación con mis ojos empapados de lágrimas.

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