CAPÍTULO 21
Subía por la estrecha
escalera, con el pequeño gatito a mis pies. Cuando llegamos arriba, escuché un
sonido muy suave que venía de una de las habitaciones, al otro lado de la
escalera. Me dirigí, guiada por el instinto, hacia la habitación de la que
provenía el sonido. Según me fui acercando, noté algo raro en el sonido.
Era música. Muy suave y piano, pero era música. Entonces me acordé de que el
día que llegamos encontré una habitación que contenía un enorme piano de cola.
Y supuse que de allí venía la preciosa melodía.
Al pasar al lado de algunas
habitaciones, se escuchó un ronquido muy
fuerte y grave. Molly dio un respingo y se echó hacia atrás asustada. Me reí
por lo mona que era, y la cogí en brazos. Cuando llegamos al final del pasillo,
había una puerta entreabierta, de allí procedía la música, ahora más alta.
Abrí la puerta despacio, como
por instinto. Allí estaba él, con su precioso cabello rizado, y sus brillantes
ojos verdes que reflejaban la luz de la luna. Seguía tocando cuando entramos,
no se había percatado de nuestra presencia. Molly saltó de mis brazos y fue
corriendo a acomodarse al lado de su amo. Entonces, él se giró y me vio. Yo le
devolví la mirada con una sonrisa muy dulce. No sabía por qué pero me salió así
de tranquilizadora.
-Hola- dijo él sonriéndome-
bájate de aquí Molly, aquí tiene que sentarse esa jovencita- le dijo al gato
con un tono chistoso.
Cerré la puerta, para que no
molestáramos y despertáramos a los demás. Después me senté a su lado. Él me
miró, entonces, con una mirada en sus ojos, que era inconfundiblemente triste.
-¿Qué tal estás? ¿Qué pasa, no
puedes dormir? – dije yo, de nuevo con dulzura, mientras le cogía de la mano.
-Pues la verdad, no estoy muy
bien. Y no, no he podido dormir nada y supongo que tú tampoco ya que estás
aquí- respondió, entrelazando sus dedos con los míos.
En ese momento comenzaron a
aparecer, en mi mente todas esas veces que el contacto con Harry había
producido un escalofrío en mi cuerpo. Cuando Gemma me dijo que me amaba. Aquella
vez en el avión, en la que perdí su carta. ¿Qué pondría en aquella carta?
¿Sentiría aquellos escalofríos porque estaba enamorada de Harry? ¿Pero si yo
seguía amando a Niall, que pasaría? No sabía qué pensar, qué decidir, qué no
decidir, qué hacer. Estaba completamente perdida. Entonces, se me ocurrió una
idea, que al menos para mí en ese momento, me quitaría todas las dudas. Pero,
¿y si salía mal? Harry me miraba preocupado.
-¿Estás bien?- me preguntó,
acercando su rostro más al mío.
Yo tenía la mirada en otra
parte. Entonces, él cogió mi barbilla y la alzó hacia él de manera que le mirara a la cara. ¿Lo hacía o no? ¿Era lo correcto? ¡Basta de preguntas, hazlo! Me
grité, hacia mis adentros.
Acerqué mi rostro más aún al
suyo, y le besé. De nuevo, aquel escalofrío volvió a recorrer todo mi cuerpo.
Le besé durante unos segundos. Aquel había sido uno de los mejores besos de mi
vida. Entonces, abrí los ojos, a la vez que él. Leí en su rostro sorpresa,
amor, y felicidad. Mucha más que hacía unos minutos. No le veía sonreír así
desde hacía días. Y me encantaba verle así de feliz.
Se acercó de nuevo y me volvió
a besar, esta vez, más apasionadamente, más tiempo. Me gustó incluso más que el
primero, así que no paré. No podía. Había perdido el control.
Me cogió por la cintura y me
levantó para volverme a posar sobre sus piernas. De forma que quedábamos cara a
cara. Seguimos besándonos, más apasionadamente cada vez. Yo pasaba mis brazos
con una fuerza incontrolable por su espalda, mientras que él me acercaba más y
más a él. Levantándome en el aire y volviéndome a dejar de nuevo sobre sus
muslos. Aquello era, posiblemente, lo mejor que me había pasado en mi vida.
Hice intención de parar,
obligando a mi cuerpo, pero no podía. Comenzó a besar mi cuello, suavemente,
bajando cada vez más hasta llegar casi a mi pecho. Sus manos acariciaron mi
espalda, y bajaron más de la cuenta, pero eso en aquel momento era lo de menos.
Después, sus labios volvieron
a posarse en los míos. Y yo me dejé llevar de nuevo. Harry me hacía sentir de
una manera que nadie más podía alcanzar. No más que Niall, simplemente
diferente. Seguimos así durante muchísimo rato. Y en uno de sus besos, sus
labios dejaron escapar un pequeño gemido. Decidí pasarlo por alto y no parar.
Sencillamente, porque no podía hacerlo. Mientras le besaba, otro gemido más
alto que el anterior, salió de sus labios y seguidamente de los míos. Yo estaba
tan pegada a él que podía sentir lo latidos de su corazón como si fueran míos.
Entonces noté algo, debajo de mí, algo que se estaba… No, esto tenía que parar.
Con mucho esfuerzo, conseguí apartarme unos centímetros de él, me lo permitió,
pero no me soltó.
Cuando abrí los ojos, fue
cuando me percaté de que, con tanta fuerza en su espalda, le había roto la
camiseta y estaba tirada en el suelo.
-Oh dios mío, lo siento, creo
que me he pasado de fuerza- dije, sonrojándome.
-No te preocupes, han sido los
mejores minutos de mi vida- dijo él con una sonrisa que iluminaba su rostro.
Iba a ser muy difícil decirle
que aquello iba a tener que acabarse. Ambos sabíamos que yo estaba con Niall,
pero aquello había sido tan hermoso.
-Harry… Bueno.. Los dos
sabemos que…- aquello era demasiado difícil. Estaba enamorada de Harry, aunque
Niall, era lo mejor del mundo. No podía abandonar a Harry.
-¿Qué esto se tiene que
acabar? Sí lo sé…- dijo bajando la mirada. Le acaricié suavemente el pecho, lo
que hizo que me volviera a mirar a los ojos.
-Te quiero muchísimo Harry- le
abracé. Fue un abrazo muy largo. De los mejores. Me sentía muy protegida en ese
momento. Me separé, le di un dulce beso en los labios, me levanté despacio
mientras nuestros dedos se separaban, y me fui hacia la puerta.
Después miré atrás, le sonreí,
y él me devolvió la sonrisa. Cerré la puerta detrás de mí, y me fui a mi
habitación con mis ojos empapados de lágrimas.
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