jueves, 24 de enero de 2013

Capítulo 22


CAPÍTULO 22

Tenía la cara húmeda, la verdad, la notaba muy húmeda. Era como si algo me la estuviera mojando poco a poco. Era como si… Abrí los ojos y allí estaba, sentada sobre mi estómago, lamiéndome la cara. La pequeña Molly, me estaba despertando, pensé que sería demasiado temprano. Casi no entraba luz por la ventana. Alguien había subido la persiana.

-¿Qué hora es pequeña? –dije somnolienta, mientras acariciaba el lomo de Molly.

-Son las seis de la mañana, vamos dormilona, o perderemos el taxi que Anne nos ha alquilado- allí estaba Carolina, con su cama ya hecha y terminando de hacer su maleta. Cuando la miré me dedicó una sonrisa.

-Por dios si solo estamos a cinco horas de los demás- dije resoplando y tirándome de nuevo en la cama.

-Sí, ya lo sé. Pero de esta manera llegaremos allí sobre las doce y allí solo tendremos tiempo para comer, y rehacer las maletas con más ropa. Zayn me acaba de llamar para decirme que por la tarde hay que ir de compras para las cosas de última hora. Y que mañana mismo partimos a Estados Unidos para empezar la gira. 

– Al escuchar aquello, di un salto de la cama, espantando a Molly.

-Pues vamos al ataque jaja.

-Jajaja vamos tontorrona, métete a la ducha.

-Oye por cierto, ¿qué día del mes es hoy? Es que con tanto lío ya no llevo la cuenta- pregunté yo, era verdad, en verano siempre pierdes la cuenta de los días.

-Jaja pues hoy es exactamente, 29 de agosto- entonces, las dos nos miramos a la vez, con la misma cara de idiotas  y de las malas personas que éramos. Era el cumpleaños de Liam.

-Oh dios mío, Liam… ¡Hay que hacer algo!  En el camino tenemos que comprarle un bueno regalo entre las dos y después..- estaba muy nerviosa, temblando para ser más precisos. ¿Cómo se me había podido olvidar?
Carolina me empujó hacia el baño.

-Yo llamo ahora mismo a Zayn y lo organizamos todo, además seguro que ellos ya tienen algo pensado, ahora date prisa que cuanto antes nos pongamos en marcha mejor- me cerró la puerta del baño, y no me quedó más remedio que ducharme.

Después salí, me vestí con unos pantalones vaqueros cortos que me llegaban hasta por encima del ombligo. Por debajo de los mismos, me puse una camiseta de tirantes, ajustada y blanca con rayas azul oscuro. Lo acompañé de unas convers blancas y de una chaqueta vaquera, del mismo tono que los pantalones.

Carolina ya me había hecho la cama, así que me deje suelta mi larga y castaña melena rizada, y terminé de hacer mi maleta. Tras acabar aquello, bajé a la cocina, desayuné un zumo y unas galletas. Tenía prisa y además no tenía nada de hambre. Lo de anoche me había dejado el estómago revuelto.

Carolina intentó impedírmelo, pero mis dichosas manías me obligaron a volver a subir a nuestra habitación para lavarme los dientes. En cuanto acabé recogí mi bolsa de aseo y me aseguré de que lo había recogido todo.

Al salir del cuarto, dejé mi bolsa al pie de las escaleras, y me dirigí a echar un último vistazo a la sala de música. Aquel piano me había enamorado. Cuando entré volví a encontrar a Molly y a Harry allí sentados.
Molly era una gata muy lista, porque sabía que nos íbamos, y en cuanto me vio se lanzó a mis brazos. La verdad era que le había cogido mucho cariño a la pequeña gatita. Cuando la estrechaba en mis brazos, las lágrimas empezaron a caer de mis ojos.

-Te echaré de menos pequeña, mucho- dije volviéndola a dejar en el suelo.

-Podemos llevárnosla, si quieres- dijo él. Levanté la vista y le vi allí, de pie delante de mí y sonriéndome de esa forma suya que tanto me gustaba. Me dio la mano y me ayudó a levantarme, dejando nuestros rostros muy cerca.

-¿De verdad? ¿Seguro que no te importa? – dije sonriendo.

-Pues claro que no, así además yo también la tendré cerca- me respondió sin parar de sonreír. Me acarició el rostro. –Oye Emi, si esto tiene que acabar, que sea en el último momento- prosiguió. Y después me besó apasionadamente. Yo me aparté de él, enseguida y le abracé poniéndome de puntillas.

-Te quiero Harry- susurré en su oído.

-Y yo a ti preciosa mía- me susurró él de vuelta.

Nos separamos, cogió a Molly en sus brazos.  Le cogí de la mano y tiré de él hacia el pasillo. Donde comenzamos a oír los gritos de Carolina, la cual estaba histérica porque seguramente el taxi estaría en la puerta de la calle esperándonos. Estaba regañándonos de esa forma tan suya, que no llegaba a ser una riña de verdad. Aquello hizo que los dos nos comenzáramos a reír a carcajadas. Me hacía muy feliz ver a Harry así de contento, tras la muerte de su hermana. Y yo era la razón de su felicidad.




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