CAPÍTULO 24
Llegamos a una de las calles
principales de Londres, lo supe porque tenía varios carriles de carretera y
estaba llena de
gente y de tiendas. Después de salir del enorme atasco que
estaba allí montado, callejeamos hasta llegar a un parking enorme. Había una
guarda de seguridad en la puerta y Niall se bajó del coche para enseñarle el carnet de
identidad. Se subió de nuevo al vehículo, y avanzamos mientras que el guarda
abría la puerta.
Tras encontrar sitio en las primeras
dos filas y aparcar el coche, salimos de allí dándole las gracias al hombre que
cuidaba de los coches de la gente VIP que pasaba por allí.
-¿No te reconoce nadie? No sé,
yo lo haría si te viera- le pregunté a mi chico.
-No me suelen reconocer mucho,
si fuéramos los cinco chicos sí, pero yendo yo solo y con una chica que nadie
conoce, es más difícil. Además somos muy buenos amigos de algunos paparazzis y
les prometemos mostrarnos cuando quieran y responder a todas sus preguntas; a
cambio de que ellos nos den un pelín más de intimidad. Así que no te preocupes,
hoy seré solo tuyo- respondió mientras rodeaba mis hombros con su brazo.
-Me alegra oír eso- le dije
sonriendo. Iba a disfrutar de aquello. Sería de lo último que hiciera con él
antes de contarle la verdad.
Llegamos al final de la calle,
y cuando giramos en la esquina, encontramos el restaurante.
Todo el mundo que trabajaba
allí, eran adultos así que muy pocos reconocieron a Niall. Y los que lo
hicieron, simplemente le pidieron un autógrafo para sus hijas o algo por el
estilo. Nadie preguntó quién era la chica que había estado callada todo el rato
y que acompañaba a un famoso al mejor restaurante de Londres. Mejor.
Terminamos de comer, pensaba
que yo comía mucho, pero desde luego Niall me ganaba por mucho.
-¿Has comido bien?
-Pues claro, estaba todo
buenísimo. Pero nada te gana a ti- dije sonrojándome por la cursilada que
acababa de decir.
-Jaja muchas gracias cielo-
dejó el dinero en la bandeja.
Nos levantamos y, cogidos de
la mano salimos por la puerta del restaurante, agradeciendo y despidiéndonos de
los camareros. Quedaban cinco horas para la fiesta y teníamos que comprar todos
los regalos y llegar a casa con tiempo para arreglarnos. Y preparar las
maletas, porque al día siguiente nos íbamos a América.
El centro comercial estaba
cerca, así que decidimos ir andando porque así tardaríamos menos. A aquellas
horas de la tarde, no había prácticamente nadie por la calle, lo cual ambos
agradecimos, porque así no habría miedo de que descubrieran a Niall.
Pero cuando llegamos a la
puerta del enorme centro comercial, descubrimos que dentro, había montones de
chicas y chicos adolescentes. Retrocedimos unos pasos, y llevé a mi novio a un
callejón donde nadie nos pudiera ver.
-¿Qué podemos hacer?- me dijo
él asustado.
-Mmm a ver…-tenía que mantener
la cabeza fría. Y aquello dio resultado.- De acuerdo. Tal vez tengas un poco de
calor, porque estamos casi a cuarenta grados, pero no hay otra solución.- él
asintió decidido a hacer lo que fuera.
En mi bolso, llevaba una
sudadera, que había metido allí antes de salir de casa de Harry, por si tenía
frío solo con la chaqueta vaquera. La saqué y se la puse a Niall, después le
puse la capucha, despeinándole. Pero aquello no era lo más importante en aquel
momento. Tras aquello, le puse de nuevo las gafas de sol.
-Listo, no creo que nadie te
reconozca, con la cabeza tan tapada, sin rastro de los otros cuatro y con una
chica de tu mano- dije en un tono un poco chistoso. Él asintió.
Y nos volvimos a adentrar de
nuevo en el centro comercial. Nadie, nos hizo ni caso y estuvo muy bien.
Encontramos todo lo que nos
habían encargado los demás e incluso,
nos sobró dinero. Terminamos nuestro trabajo en unas tres horas. Después nos fuimos rápidamente al parking, metimos todo en el maletero, y nos fuimos de
vuelta a casa.
-Vaya, esto sí que cansa- dije
fatigada por la carrera del centro comercial al coche.
-Jaja menos mal que no eres tú
la que tiene que dar saltos y gritos muchas noches durante horas. Los
conciertos también tienen su parte mala- respondió él.
Cuando llegamos a casa, Zayn
nos ayudó a llevar las cosas dentro y a colocarlas en una montaña enorme.
Después nos dijo que nos fuéramos a arreglar ya que ellos ya estaban todos listos.
-¿Cuánto tiempo tenemos?- dije
a Niall, ya en nuestra habitación.
-Pues exactamente… una hora y
quince minutos, así que vamos princesa, las damas primero- me dijo dulcemente.
Después me dio un beso suave en el cuello. Y yo me metí en el baño.
Ya dentro de la ducha, comencé
a llorar, tendría que decirle dentro de poco, la locura que acabaría con aquel
cuento de hadas. La locura, que acabaría con mi vida.
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