CAPÍTULO
26
-¡Sorpresa!
–Gritamos todos a la vez, viendo como Liam se sobresaltaba por el susto y
segundos más tarde, lloraba de felicidad.
-Oh,
no llores hermanito- le dije mientras le cogía de la mano. Y él se dejó caer
sobre mí, abrazándome de esa manera tan tierna.
-Muchas
gracias de verdad, no me lo merezco…
-¡Pues
claro que sí!- le corté, ahora mirándole a la cara.- Eres de las mejores
personas que conozco y te mereces esto y mucho más ¿vale?- él simplemente, me
sonrió.
Le
deje con Danielle y me fui con Caro, que estaba colocando a la perfección los
aperitivos.
-Hola,
hermanita – la dije con una sonrisa de oreja a oreja. Ella me miró un poco
confundida, al verme.
Realmente, estaba muy concentrada en que todo fuera
perfecto, y ala vez estar feliz. Esa era mi chica.
-Hola
¿qué tal Liamcito?- respondió ya sonriendo y con ternura.
-Muy
bien, estará abriendo los regalos.- me giré para verle allí sentado con su
nuevo look que tan bien le quedaba y sonriendo como un niño pequeño- Realmente
se merece esto- dije antes de irme con ellos.
Me
senté al lado de Harry, ya que Niall estaba con Zayn y yo no quería molestar.
Mientras que veíamos como Liam reía y disfrutaba de sus regalos con los demás,
Harry me susurró al oído:
-¿Has
pensado ya en algo?
-¿Y
qué se supone que tengo que pensar?- le respondí yo confusa, sin apartar la
mirada de Liam.
-Pues
no sé, eres tú la que dijiste…
-La
que dijo que aquello se tenía que acabar- le interrumpí.- Eso fue exactamente
lo que dije.
-Valla,
ya hablas de ello como algo del pasado, ¿eh? – dijo entonces más triste y
bajando la mirada.
-¿Y
cómo quieres que hable de ello?- había alzado un poco la voz por los nervios y
Zayn, Danielle y Eleanor se giraron sorprendidos. Después volvieron a poner su
atención en Liam. Suspiré profundamente.-Harry…- me hozo una seña para que me
callara.
-Chicos,
voy a mi bodega, tengo un vino muy bueno y podemos estrenarlo, si queréis- dijo
él entonces, todos asintieron. Yo estaba perdida ¿por qué había cambiado de
tema?- Emily, ¿te vienes conmigo?-asentí.
Unos
minutos más tarde, estábamos bajando las escaleras hacia la bodega de la casa de
Harry. Había muy poca luz, tan solo una pequeña lámpara que iluminaba un cuarto
de la habitación. Cuando él estaba eligiendo el vino, yo me senté en una mesa
de billar, los pies no me llegaban al suelo. Salió de entre unas altas
estanterías llenas de botellas de vino y se dirigió a mí dejando la botella en
una mesa de madera.
-¿Por
qué hablas de ello como una cosa del pasado?- dijo posando sus manos a ambos
lados de mis muslos, me tenía rodeada.
-Porque
ambos dijimos ayer mismo que aquello se tenía acabar. Yo amo a Niall- dije sin
dudar.
-¿Y
a mí no?- frunció el ceño-¿me vas a decir que a mí no me amas?- se acercó aún
más.
-No
sé lo que pasó ayer Harry, pero yo estoy enamorada de Niall. Y quiero que sigas
siendo mi mejor amigo, o al menos de mis mejores amigos. Quedamos en eso
ayer-intentaba mantener la calma.
-Pero
es el pasado, si para ti lo es, para mí entonces también- nuestros labios
prácticamente se rozaban.
-Harry
dios mío, no lo empeores- dije suspirando.
Me
cogía por la cintura muy despacio, mientras me acercaba a su pecho.
-Harry
no lo hagas…
-Shhh
Me
tenía muy agarrada y me besó. Después se separó unos milímetros para dejarme
recapacitar. No lo hice.
Me
volvió a besar más apasionadamente. El escalofrío no, no podía volver a mi,
pensé. Le conseguí apartar para respirar.
-Harry,
lo siento…
-Yo
también, pero ¿te haces una simple idea de qué mierda es esto? No puedo estar a
tu lado sin desearte.
Mi
mano estaba posada sobre su pecho, y su corazón iba a explotar. Estaba diciendo
la verdad. Y yo no podía respirar. Harry lo notó y me besó, pero esta vez para
darme aire a los pulmones.
En
cuanto las fuerzas volvieron a mis venas, le pregunté:
-¿Me
deseas?
-Más
que a nada en el mundo, me dejas sin respiración con tu sonrisa, me derrites
cuando te muerdes el labio inferior, y cuando te mueves al bailar por estar
feliz, deseo que solo seas mía- su mirada era completamente sincera.
-Harry…-
le di un pequeño empujón para que se apartase- lo siento, no puedo. -Se apartó sin mirarme a los
ojos. Yo aún no había soltado su camisa y la estaba agarrando con mucha fuerza.
Las
manos me temblaban y las lágrimas ya rodaban por mis mejillas. Cuando bajé de
la mesa, me miró fijamente, ambos estábamos llorando. Le conseguí soltar la
camisa. Y me fui hacia las escaleras.
-Vamos,
no estarán esperando- le dije. Aún no habíamos parado de llorar.