CAPITULO 10
Aterrizamos sin ningún
problema, y a la hora prevista; nuestras familias nos estaban esperando en la
salida del aeropuerto, hubo muchas lágrimas y abrazos durante por lo menos
media hora; después todos nos fuimos a casa.
La semana siguiente en el
instituto, todo el mundo me preguntaba qué me había pasado, así que supuse que
mi madre había pensado llamar a todas las chicas de clase por si sabían algo de
mí. Y en baloncesto, Carolina y yo nos reímos y lloramos de todo lo que habíamos
pasado; y nos daba igual quién nos miraran raro, estábamos muy orgullosas de ser
fans y entonces amigas, de esos increíbles chicos.
Tras unas dos largas semanas
de rutina y, por mi lado tristeza al recordar a Niall, todo el mundo había
olvidado lo que había ocurrido y las cosas volvían a ser igual.
Una tarde me quedé sola en
casa; mis padres estaban trabajando y mi hermano se iba a quedar a dormir en
casa de un amigo. Yo estaba relajada, y tumbada en mi cama leyendo un libro de
amor, de hecho mis favoritos trataban de lo mismo.
El caso, es que de repente, escuche el sonido
de las ruedas de un coche, algo que me extrañó porque no pasaba prácticamente
ningún coche a esas horas de la tarde; así que me acerqué a le enorme ventana
de mi habitación, y vi que efectivamente había un choche negro y reluciente,
aparcado en la puerta de mi casa, en frente del jardín. Vi que alguien bajaba
del coche. Me quedé sorprendida al ver
que el pie que se osaba en aquella estrecha acera, llevaba como calzado unas
deportivas típicas de un adolescente,unas supras. Aquello hizo que el vello de mis brazos
se erizara. De repente una cabeza de pelo rubio muy particular, asomó por
encima de la puerta del lujoso coche. Imposible. No podía ser, era una locura. Y
así era, bajé corriendo las escaleras y abrí la puerta de la calle, muy
asustada y emocionada. Entonces le vi. Era imposible, pero así era.
-¡Niall!- fui corriendo hacia
él- dios mío, ¿pero qué estás haciendo aquí?- dije ya sin prácticamente
aliento.
-He venido desde Inglaterra,
por ti- vi como las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas, y se las intenté secar, pero me daba miedo equivocarme otra vez.-Te necesito para vivir, he estado
estas semanas intentando soportarlo, pero no puedo, es que te quiero muchísimo
y te ruego que me perdones.
-Niall- dijo entremedias de un
suspiro muy profundo, para calmar las ganas de llorar- yo, ¿me estás diciendo
que-me interrumpió.
-¿Qué he venido hasta aquí
solo para calmar mis ganas de morir al verte?
Si,- esa frase me dejó de piedra, era precioso, y yo le amaba.
-Eso es lo más bonito que
alguien me haya dicho o hecho por mí, jamás- dije, y ya sin dudar acariciándole
la mejilla.
Entonces él se acercó a mi, y yo me mantuve quieta; me besó
delicadamente, y después con más pasión y duración. Yo le cogí por detrás del
cuello, y nos seguimos besando durante un buen rato.
Después, envió y dio tarde
libre a su chofer, y nos fuimos dentro de casa. Una vez cerrada la puerta, nos
miramos y nos volvimos a envolver en otro largo y apasionado beso. Poco a poco
noté como él, iba tirando del tirante de mi camiseta fina y sencilla; se lo
permití. Seguidamente mientras sin parar de besarnos, el me quietaba la
camiseta, yo aprovechaba y le desabrochaba torpemente los botones de la suya.
Cuando ya estábamos los dos
sin camiseta, dejamos un momento de besarnos, notando cada uno la respiración
entrecortada del otro, nos susurramos unas palabras al oído, aunque no había
nadie más en casa.
-Te amo Emily, y jamás dejare
de hacerlo, te lo prometo mi amor- me susurró antes de besarme delicadamente en
el cuello.
-Te amo Niall, siempre lo he
hecho y siempre lo haré, te lo prometo- nos abrazamos notando el tacto de
nuestras pieles tocándose.
No hay comentarios:
Publicar un comentario