domingo, 26 de agosto de 2012

Capítulo 10


CAPITULO 10

Aterrizamos sin ningún problema, y a la hora prevista; nuestras familias nos estaban esperando en la salida del aeropuerto, hubo muchas lágrimas y abrazos durante por lo menos media hora; después todos nos fuimos a casa.

La semana siguiente en el instituto, todo el mundo me preguntaba qué me había pasado, así que supuse que mi madre había pensado llamar a todas las chicas de clase por si sabían algo de mí. Y en baloncesto, Carolina y yo nos reímos y lloramos de todo lo que habíamos pasado; y nos daba igual quién nos miraran raro, estábamos muy orgullosas de ser fans y entonces amigas, de esos increíbles chicos.

Tras unas dos largas semanas de rutina y, por mi lado tristeza al recordar a Niall, todo el mundo había olvidado lo que había ocurrido y las cosas volvían a ser igual.

Una tarde me quedé sola en casa; mis padres estaban trabajando y mi hermano se iba a quedar a dormir en casa de un amigo. Yo estaba relajada, y tumbada en mi cama leyendo un libro de amor, de hecho mis favoritos trataban de lo mismo.  

El caso, es que de repente, escuche el sonido de las ruedas de un coche, algo que me extrañó porque no pasaba prácticamente ningún coche a esas horas de la tarde; así que me acerqué a le enorme ventana de mi habitación, y vi que efectivamente había un choche negro y reluciente, aparcado en la puerta de mi casa, en frente del jardín. Vi que alguien bajaba del coche. Me quedé  sorprendida al ver que el pie que se osaba en aquella estrecha acera, llevaba como calzado unas deportivas típicas de un adolescente,unas supras. Aquello hizo que el vello de mis brazos se erizara. De repente una cabeza de pelo rubio muy particular, asomó por encima de la puerta del lujoso coche. Imposible. No podía ser, era una locura. Y así era, bajé corriendo las escaleras y abrí la puerta de la calle, muy asustada y emocionada. Entonces le vi. Era imposible, pero así era.

-¡Niall!- fui corriendo hacia él- dios mío, ¿pero qué estás haciendo aquí?- dije ya sin prácticamente aliento.

-He venido desde Inglaterra, por ti- vi como las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas, y se las intenté secar, pero me daba miedo equivocarme otra vez.-Te necesito para vivir, he estado estas semanas intentando soportarlo, pero no puedo, es que te quiero muchísimo y te ruego que me perdones.

-Niall- dijo entremedias de un suspiro muy profundo, para calmar las ganas de llorar- yo, ¿me estás diciendo que-me interrumpió.

-¿Qué he venido hasta aquí solo para calmar mis ganas de morir al verte?  Si,- esa frase me dejó de piedra, era precioso, y yo le amaba.

-Eso es lo más bonito que alguien me haya dicho o hecho por mí, jamás- dije, y ya sin dudar acariciándole la mejilla. 

Entonces él se acercó a mi, y yo me mantuve quieta; me besó delicadamente, y después con más pasión y duración. Yo le cogí por detrás del cuello, y nos seguimos besando durante un buen rato.

Después, envió y dio tarde libre a su chofer, y nos fuimos dentro de casa. Una vez cerrada la puerta, nos miramos y nos volvimos a envolver en otro largo y apasionado beso. Poco a poco noté como él, iba tirando del tirante de mi camiseta fina y sencilla; se lo permití. Seguidamente mientras sin parar de besarnos, el me quietaba la camiseta, yo aprovechaba y le desabrochaba torpemente los botones de la suya.

Cuando ya estábamos los dos sin camiseta, dejamos un momento de besarnos, notando cada uno la respiración entrecortada del otro, nos susurramos unas palabras al oído, aunque no había nadie más en casa.

-Te amo Emily, y jamás dejare de hacerlo, te lo prometo mi amor- me susurró antes de besarme delicadamente en el cuello.

-Te amo Niall, siempre lo he hecho y siempre lo haré, te lo prometo- nos abrazamos notando el tacto de nuestras pieles tocándose.

No hay comentarios:

Publicar un comentario