CAPITULO 11
Sabíamos que nuestro amor
tenía que ser secreto dado que, nos llevábamos dos años de edad, yo tenía 17 años y a él le faltaba poco para cumplir los 19. Y nuestros
padres no nos iban a permitir estar juntos. Que él era famoso; con lo cual no
queríamos que sus fans, al igual que yo lo hubiera hecho, sufrieran. Tampoco
queríamos que todos los periódicos, revistas o noticias hablaran de nuestra
relación porque la descubriría todo el mundo.
Con todo esto, solo se lo
contamos a los chicos, quienes ya se lo imaginaban, y a Carolina, quien también
nos necesitaba a nosotros para guardar su relación con Zayn, por los mismos
motivos.
Pasaron algunas semanas en las
que Caro, ellos y yo, ideábamos un plan para poder excusar que nos fuéramos de
gira con ellos, sin que nadie sospechara nada. Llegamos a una solución. Los
chicos habían organizado un concurso, en el que se preguntaban cosas sobre
ellos, y las dos fans que más cosas supieran y contestaran mejor a sus
preguntas, se irían con ellos de gira, con todo pagado y profesores que las
siguieran impartiendo clases. Las últimas dos cosas fueron las más complicadas,
porque ellos tuvieron que buscarnos un profesor, además de instalaciones un
poco menos caras para que se pudieran permitir que nosotras estuviéramos allí.
También, nos costó mucho a todos tener que mentir a las demás fans porque no
había habido ningún concurso como tal; todo era inventado. Al principio
Carolina y yo como fans, dijimos que a lo mejor sería buena idea que ellas no
supieran nada y así no las dolería tanto, que era lo que nosotras hubiéramos
querido estando en su lugar; pero Liam dijo que no podían permitirse mentir más
de lo necesario.
Y cuando por fin, creíamos que
ya había acabado el trabajo; un mes más tarde, tuvimos que reunir entre las dos
a nuestros padres para decirles por qué no les habíamos pedido su autorización.
-Teníamos muchísimas ganas de
ganar, y sabíamos que podíamos hacerlo; pero teníamos miedo de que nos lo
impidierais- dije yo, casi llorando.
- Por favor no os enfadéis,
solo somos adolescentes con muchas ganas de vivir nuestro sueño, estar con
nuestros ídolos- dijo Carolina, en ese momento nos dimos la mano; sabíamos que
después del susto que les habíamos dado con nuestra escapada a Londres, iba a
ser muy difícil que nos dejaran, aunque esta vez fuera con su permiso.
-No creemos que tengáis la
edad para ello..- dijo el padre de Carolina acompañado de la afirmación del
mío.
-Pero, pensándolo bien, vais
con gente que os protege y no se van a separar de vosotras- mi amiga y yo
pensamos en que efectivamente nuestros novios no nos iban a dejar solas ni un
momento, pero nuestras madres se referían a los guardaespaldas, ojala les
pudiéramos decir la verdad- bueno además tenéis profesor así que no dejareis
los estudios, ¿verdad?
Las dos asentimos y tras un
momento de silencio, y nuestra gran
imprudencia de no controlar los sentimientos, y ponernos a llorar
desconsoladamente, suplicando de rodillas; conseguimos que nos lo permitieran.
-Gracias de verdad, no sabéis
lo felices que nos estáis haciendo- dijimos al unísono abrazando a nuestros
padres. Y nuestras madres quienes también lloraban al vernos, hacernos tan
maduras.
Una semana más tarde para
organizar el vuelo, y las últimas cosas sencillas, que nos habíamos dejado sin
hacer; yo ya estaba doblando las últimas camisetas para meter en mi inmensa
maleta, la cual mi madre había llenado con todas las cosas que me pudieran
hacer falta incluso en el momento menos pensado.
-Te voy a echar de menos-
reconocí la voz mi hermano pequeño, en cuanto la oí salir de su pequeña boca;
cuando me di la vuelta, ahí estaba apoyado en el marco de la gruesa puerta de
madera de mi habitación.
-Oh, Samuel, no te voy a
olvidar yo a ti tampoco; ven aquí- le dije con dulzura, y entonces se acercó y
me dio un abrazo muy cariñoso, cosa que no era muy propia de él pero que yo le
devolví con mucha dulzura, pensando por primera vez en lo que estaba dejando
atrás.
Después, se fue corriendo a su
habitación, y vino mi madre a mi habitación. La abracé fuerte, aunque las dos
sabíamos que volvería, iba a ser después de algunos meses, y nunca nos habíamos
separado tanto tiempo.
-Hija, prométeme que no vas a
dejar de estudiar todos los días y que me llamaras al menos cada tres días,
¿vale?- dijo mientras nos envolvíamos en un abrazo- y ten mucho cuidado, por
favor.
-Lo haré mamá, todo te lo
prometo y gracias de verdad por dejarme vivir esto- la dije sonriendo, a la vez
que lloraba, viendo la tristeza en su rostros, y unos segundos más tarde en sus
lágrimas.



