domingo, 10 de febrero de 2013

Capítulo 23


     
CAPÍTULO 23
Nos sentamos los tres en la parte trasera del coche. Y después de que Harry le dije al taxista nuestro destino, comenzamos el viaje. Entonces sí que empezaba lo bueno. Me volví a acordar de Liam.
-Caro, ¿has vuelto a llamar a Zayn, para lo del cumple de Liam?
-No me digas que a doña perfecta, se le ha olvidado el cumpleaños del Daddy Direction…-dijo Harry en tono burlón, refiriéndose a mi amiga.
-Pues si se me ha olvidado ¿vale? Para tu información es muy difícil ser perfecta, en cada segundo de tu vida- respondió ella siguiéndole el rollo. Aquello hizo que yo estallara en carcajadas. Definitivamente, no podía parar de reírme.
-Bueno, ¿y qué ha pensado la señora?- dijo de nuevo Harry, haciendo todo lo posible para no estallar él también en carcajadas.
-Pues he llamado a Zayn y me ha dicho que Louis se llevará a Liam todo el día de compras y al cine. Así que él y Niall irán a comprar la comida y los preparativos para la fiesta. Mientras que nosotros tres, Danielle, y Eleanor llegamos. Con todo esto creo que está claro que en cuanto lleguemos a casa, yo me quedaré a preparar todo con Zayn, mientras que tú Harry preparas la cena junto con las chicas. En todo esto, tú, Emi y Niall iréis a comprar los regalos de todos con el dinero de cada uno. ¿Queda claro?- dijo ella con un aire superior.
-Sí, señora- respondimos los dos al unísono. Y estallamos los tres en carcajadas.
En ese momento, empezó a sonar en la radio “This song saved my life” de Simple Plan, mi tercer grupo favorito, tras One Direction y Selena Gomez. Y nos pusimos los tres a cantarla. No teníamos nada de vergüenza, éramos como amigos de toda la vida. Y aquello me encantaba.

Tras llevar un rato cantando, me cogí un libro de mi bolsa, y me puse a leerlo. Supuse que vieron como fruncía el ceño al leer debido al volumen de la música, porque la bajaron hasta que, prácticamente, ni se escuchaba.
Caro y Harry, estuvieron un buen rato sin armar jaleo para no molestarme. Y tras una hora, Harry también se puso a leer. Sin embargo mi amiga, que no era mucho de leer, aunque fuera muy inteligente, se puso a escuchar con sus auriculares probablemente, a Justin Bieber. Su ídolo, aparte de One Direction. Pero ella amaba a Zayn. Eso estaba muy, pero que muy claro.
Cuando mis ojos ya estaban irritados de tanto leer, pregunté cuanto faltaba para llegar. Tan solo quedaba una hora y media. La vuelta estaba siendo mucho más rápida que la ida. Y mis ganas de volver a ver a Niall, cada vez crecían más. Dejé el libro en su sitio y me recosté en mi asiento. La canción de “As log as you love me” del mismo Justin, estaba sonando en mi mente, así que cerré los ojos para sentirla más dentro de mí.
-Emi, preciosa, venga, despierta que ya hemos llegado- desde mi conciencia, oís a Harry, diciendo que me despertara. Pero estaba demasiado cansada del viaje, y no quería abrir los ojos. De repente, estaba atrapada en la oscuridad.
Abrí los ojos lentamente, no tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado desde que habíamos llegado. Pero por el sol que entraba por el balcón, estaba segura de que ya era mediodía. Reuní las fuerzas suficientes, para sentarme en la cama. Alguien me había quitado los zapatos. Posiblemente, la misma persona que me había llevado hasta el dormitorio.
-¡Al fin te despiertas! Parecías la bella durmiente. Pero te he besado como diez veces, y no despertabas jaja- dijo Niall con su voz tan dulce. Se sentó a mi lado en la cama. Mirándome fijamente a los ojos.
-Hola Niall, te he echado de menos- dije sonriendo mientras le abrazaba.
Cuando nos separamos, me cogió de la cintura y me besó. Sus besos, cuánto me gustaban. Entonces caí, en lo que había pasado la noche anterior ¿Qué había hecho? Me sentía fatal, traicionera  e idiota. Y la agonía comenzó a recorrer todo mi cuerpo, como una corriente de agua helada.
-¿Estás bien?- me dijo él preocupado.
-Si si es que estoy un poco cansada del viaje.
-¿Estás segura? Te noto distinta- alzó su ceja, con expresión de incredulidad. Me encantaba aquel gesto tan peculiar suyo. Y me empecé a reír. Él simplemente sonrío al verme feliz.
-Jajajajjaajja, ¡para de hacer eso! Jajajajjaja
-No voy a parar hasta que te mueras de risa- y lo volvió a hacer- Aunque la verdad, para que te murieras, sería mejor comerte yo mismo a besos. Aún así, nunca querría que murieses, mi niña.
-Jajajajajaja… Te quiero Niall- dije intentado calmar mi risa.
-Y yo a ti Emi. Así que, venga lávate la cara, ponte los zapatos y para fuera. Que tú yo tenemos que ir a comprar los regalos para Liam- dijo tirando de mi para que saliera de la cama.
En cuanto terminé de arreglarme, bajé a la planta de abajo. Niall estaba esperándome en la cochera. Me subí con él a un lujoso coche deportivo. Pero tenía la capota puesta, porque con aquellas temperaturas nos asaríamos de calor.
-Guau, esto es alucinante- dije muy sorprendida, nunca había ido en un vehículo de tanto valor.
-Jajaja pues te tendrás que ir acostumbrando, porque tu novio es famoso- dije en tono chistoso, mientras se ponía unas gafas de sol Ray Ban negras.
Salimos de la cochera, y cuando se terminó de cerrar la puerta. Estábamos ya saliendo por la enorme vaya.
A medio camino, noté como me sonaban las tripas, y el hambre que tenía.
-Oye cielo, nos es por nada pero, yo no he comido aún y estoy muerta de hambre- dije intentado no enfadarle por tener que cambiar los planes.
-Ya lose, es por eso que vamos al mejor restaurante de Londres, a comer ¿te parece bien?- dijo agarrándome la mano, mientras que con la otra controlaba el volante.
-¿Qué si me parece bien? Oh dios mío, muchísimas gracias cariño. Pero ¿por qué? Podríamos haber picado algo antes de salir y así no te tendrías que gastar tanto dinero en mí- me sentía mal, no me merecía aquello.
-Pues lo primero: me podría gastar cien veces más dinero en la princesa más bonita del mundo ¿vale?- asentí con lágrimas en los ojos, por lo idiota que había sido- y segundo: quiero celebrar nuestra relación, por fin es oficial, y lo pienso celebrar como es debido. Por nosotros. Porque esto, jamás acabe- me cogió la mano con más fuerza.
Definitivamente, era la persona más cruel del mundo. Amaba a Niall y solo a Niall, pero lo que había pasado con Harry no se podía borrar. Y yo no podría estar con Niall sabiendo lo que había hecho.



jueves, 24 de enero de 2013

Capítulo 22


CAPÍTULO 22

Tenía la cara húmeda, la verdad, la notaba muy húmeda. Era como si algo me la estuviera mojando poco a poco. Era como si… Abrí los ojos y allí estaba, sentada sobre mi estómago, lamiéndome la cara. La pequeña Molly, me estaba despertando, pensé que sería demasiado temprano. Casi no entraba luz por la ventana. Alguien había subido la persiana.

-¿Qué hora es pequeña? –dije somnolienta, mientras acariciaba el lomo de Molly.

-Son las seis de la mañana, vamos dormilona, o perderemos el taxi que Anne nos ha alquilado- allí estaba Carolina, con su cama ya hecha y terminando de hacer su maleta. Cuando la miré me dedicó una sonrisa.

-Por dios si solo estamos a cinco horas de los demás- dije resoplando y tirándome de nuevo en la cama.

-Sí, ya lo sé. Pero de esta manera llegaremos allí sobre las doce y allí solo tendremos tiempo para comer, y rehacer las maletas con más ropa. Zayn me acaba de llamar para decirme que por la tarde hay que ir de compras para las cosas de última hora. Y que mañana mismo partimos a Estados Unidos para empezar la gira. 

– Al escuchar aquello, di un salto de la cama, espantando a Molly.

-Pues vamos al ataque jaja.

-Jajaja vamos tontorrona, métete a la ducha.

-Oye por cierto, ¿qué día del mes es hoy? Es que con tanto lío ya no llevo la cuenta- pregunté yo, era verdad, en verano siempre pierdes la cuenta de los días.

-Jaja pues hoy es exactamente, 29 de agosto- entonces, las dos nos miramos a la vez, con la misma cara de idiotas  y de las malas personas que éramos. Era el cumpleaños de Liam.

-Oh dios mío, Liam… ¡Hay que hacer algo!  En el camino tenemos que comprarle un bueno regalo entre las dos y después..- estaba muy nerviosa, temblando para ser más precisos. ¿Cómo se me había podido olvidar?
Carolina me empujó hacia el baño.

-Yo llamo ahora mismo a Zayn y lo organizamos todo, además seguro que ellos ya tienen algo pensado, ahora date prisa que cuanto antes nos pongamos en marcha mejor- me cerró la puerta del baño, y no me quedó más remedio que ducharme.

Después salí, me vestí con unos pantalones vaqueros cortos que me llegaban hasta por encima del ombligo. Por debajo de los mismos, me puse una camiseta de tirantes, ajustada y blanca con rayas azul oscuro. Lo acompañé de unas convers blancas y de una chaqueta vaquera, del mismo tono que los pantalones.

Carolina ya me había hecho la cama, así que me deje suelta mi larga y castaña melena rizada, y terminé de hacer mi maleta. Tras acabar aquello, bajé a la cocina, desayuné un zumo y unas galletas. Tenía prisa y además no tenía nada de hambre. Lo de anoche me había dejado el estómago revuelto.

Carolina intentó impedírmelo, pero mis dichosas manías me obligaron a volver a subir a nuestra habitación para lavarme los dientes. En cuanto acabé recogí mi bolsa de aseo y me aseguré de que lo había recogido todo.

Al salir del cuarto, dejé mi bolsa al pie de las escaleras, y me dirigí a echar un último vistazo a la sala de música. Aquel piano me había enamorado. Cuando entré volví a encontrar a Molly y a Harry allí sentados.
Molly era una gata muy lista, porque sabía que nos íbamos, y en cuanto me vio se lanzó a mis brazos. La verdad era que le había cogido mucho cariño a la pequeña gatita. Cuando la estrechaba en mis brazos, las lágrimas empezaron a caer de mis ojos.

-Te echaré de menos pequeña, mucho- dije volviéndola a dejar en el suelo.

-Podemos llevárnosla, si quieres- dijo él. Levanté la vista y le vi allí, de pie delante de mí y sonriéndome de esa forma suya que tanto me gustaba. Me dio la mano y me ayudó a levantarme, dejando nuestros rostros muy cerca.

-¿De verdad? ¿Seguro que no te importa? – dije sonriendo.

-Pues claro que no, así además yo también la tendré cerca- me respondió sin parar de sonreír. Me acarició el rostro. –Oye Emi, si esto tiene que acabar, que sea en el último momento- prosiguió. Y después me besó apasionadamente. Yo me aparté de él, enseguida y le abracé poniéndome de puntillas.

-Te quiero Harry- susurré en su oído.

-Y yo a ti preciosa mía- me susurró él de vuelta.

Nos separamos, cogió a Molly en sus brazos.  Le cogí de la mano y tiré de él hacia el pasillo. Donde comenzamos a oír los gritos de Carolina, la cual estaba histérica porque seguramente el taxi estaría en la puerta de la calle esperándonos. Estaba regañándonos de esa forma tan suya, que no llegaba a ser una riña de verdad. Aquello hizo que los dos nos comenzáramos a reír a carcajadas. Me hacía muy feliz ver a Harry así de contento, tras la muerte de su hermana. Y yo era la razón de su felicidad.




Capítulo 21


CAPÍTULO 21

Subía por la estrecha escalera, con el pequeño gatito a mis pies. Cuando llegamos arriba, escuché un sonido muy suave que venía de una de las habitaciones, al otro lado de la escalera. Me dirigí, guiada por el instinto, hacia la habitación de la que provenía el sonido. Según me fui acercando, noté algo raro en el  sonido. Era música. Muy suave y piano, pero era música. Entonces me acordé de que el día que llegamos encontré una habitación que contenía un enorme piano de cola. Y supuse que de allí venía la preciosa melodía.

Al pasar al lado de algunas habitaciones, se escuchó un ronquido  muy fuerte y grave. Molly dio un respingo y se echó hacia atrás asustada. Me reí por lo mona que era, y la cogí en brazos. Cuando llegamos al final del pasillo, había una puerta entreabierta, de allí procedía la música, ahora más alta.

Abrí la puerta despacio, como por instinto. Allí estaba él, con su precioso cabello rizado, y sus brillantes ojos verdes que reflejaban la luz de la luna. Seguía tocando cuando entramos, no se había percatado de nuestra presencia. Molly saltó de mis brazos y fue corriendo a acomodarse al lado de su amo. Entonces, él se giró y me vio. Yo le devolví la mirada con una sonrisa muy dulce. No sabía por qué pero me salió así de tranquilizadora.

-Hola- dijo él sonriéndome- bájate de aquí Molly, aquí tiene que sentarse esa jovencita- le dijo al gato con un tono chistoso.

Cerré la puerta, para que no molestáramos y despertáramos a los demás. Después me senté a su lado. Él me miró, entonces, con una mirada en sus ojos, que era inconfundiblemente triste.

-¿Qué tal estás? ¿Qué pasa, no puedes dormir? – dije yo, de nuevo con dulzura, mientras le cogía de la mano.

-Pues la verdad, no estoy muy bien. Y no, no he podido dormir nada y supongo que tú tampoco ya que estás aquí- respondió, entrelazando sus dedos con los míos.

En ese momento comenzaron a aparecer, en mi mente todas esas veces que el contacto con Harry había producido un escalofrío en mi cuerpo. Cuando Gemma me dijo que me amaba. Aquella vez en el avión, en la que perdí su carta. ¿Qué pondría en aquella carta? ¿Sentiría aquellos escalofríos porque estaba enamorada de Harry? ¿Pero si yo seguía amando a Niall, que pasaría? No sabía qué pensar, qué decidir, qué no decidir, qué hacer. Estaba completamente perdida. Entonces, se me ocurrió una idea, que al menos para mí en ese momento, me quitaría todas las dudas. Pero, ¿y si salía mal? Harry me miraba preocupado.

-¿Estás bien?- me preguntó, acercando su rostro más al mío.

Yo tenía la mirada en otra parte. Entonces, él cogió mi barbilla y la alzó hacia él de manera que le mirara a la cara. ¿Lo hacía o no? ¿Era lo correcto? ¡Basta de preguntas, hazlo! Me grité, hacia mis adentros.
Acerqué mi rostro más aún al suyo, y le besé. De nuevo, aquel escalofrío volvió a recorrer todo mi cuerpo. Le besé durante unos segundos. Aquel había sido uno de los mejores besos de mi vida. Entonces, abrí los ojos, a la vez que él. Leí en su rostro sorpresa, amor, y felicidad. Mucha más que hacía unos minutos. No le veía sonreír así desde hacía días. Y me encantaba verle así de feliz.

Se acercó de nuevo y me volvió a besar, esta vez, más apasionadamente, más tiempo. Me gustó incluso más que el primero, así que no paré. No podía. Había perdido el control.

Me cogió por la cintura y me levantó para volverme a posar sobre sus piernas. De forma que quedábamos cara a cara. Seguimos besándonos, más apasionadamente cada vez. Yo pasaba mis brazos con una fuerza incontrolable por su espalda, mientras que él me acercaba más y más a él. Levantándome en el aire y volviéndome a dejar de nuevo sobre sus muslos. Aquello era, posiblemente, lo mejor que me había pasado en mi vida.

Hice intención de parar, obligando a mi cuerpo, pero no podía. Comenzó a besar mi cuello, suavemente, bajando cada vez más hasta llegar casi a mi pecho. Sus manos acariciaron mi espalda, y bajaron más de la cuenta, pero eso en aquel momento era lo de menos.

Después, sus labios volvieron a posarse en los míos. Y yo me dejé llevar de nuevo. Harry me hacía sentir de una manera que nadie más podía alcanzar. No más que Niall, simplemente diferente. Seguimos así durante muchísimo rato. Y en uno de sus besos, sus labios dejaron escapar un pequeño gemido. Decidí pasarlo por alto y no parar. Sencillamente, porque no podía hacerlo. Mientras le besaba, otro gemido más alto que el anterior, salió de sus labios y seguidamente de los míos. Yo estaba tan pegada a él que podía sentir lo latidos de su corazón como si fueran míos. Entonces noté algo, debajo de mí, algo que se estaba… No, esto tenía que parar. Con mucho esfuerzo, conseguí apartarme unos centímetros de él, me lo permitió, pero no me soltó.

Cuando abrí los ojos, fue cuando me percaté de que, con tanta fuerza en su espalda, le había roto la camiseta y estaba tirada en el suelo.

-Oh dios mío, lo siento, creo que me he pasado de fuerza- dije, sonrojándome.

-No te preocupes, han sido los mejores minutos de mi vida- dijo él con una sonrisa que iluminaba su rostro.

Iba a ser muy difícil decirle que aquello iba a tener que acabarse. Ambos sabíamos que yo estaba con Niall, pero aquello había sido tan hermoso.

-Harry… Bueno.. Los dos sabemos que…- aquello era demasiado difícil. Estaba enamorada de Harry, aunque Niall, era lo mejor del mundo. No podía abandonar a Harry.

-¿Qué esto se tiene que acabar? Sí lo sé…- dijo bajando la mirada. Le acaricié suavemente el pecho, lo que hizo que me volviera a mirar a los ojos.

-Te quiero muchísimo Harry- le abracé. Fue un abrazo muy largo. De los mejores. Me sentía muy protegida en ese momento. Me separé, le di un dulce beso en los labios, me levanté despacio mientras nuestros dedos se separaban, y me fui hacia la puerta.

Después miré atrás, le sonreí, y él me devolvió la sonrisa. Cerré la puerta detrás de mí, y me fui a mi habitación con mis ojos empapados de lágrimas.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Capítulo 20


CAPITULO 20

Volvimos a casa y cada uno se dirigió a su dormitorio sin decir ni una palabra. A la hora de cenar, Anne y Carolina prepararon unos sándwiches y un cuenco de ensalada. Cenamos también en silencio. Y cuando me dirigí a la cocina para dejar mi plato y mis cubiertos usados, sonó el teléfono. Era el doctor de Gemma.

Nos sentamos todos en círculo, mientras que el padrastro de Harry, contestaba a la llamada. La conversación fue muy breve y cuando Robin colgó, su rostro no expresaba nada de alegría. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y un nudo de angustia se formó en mi garganta y en mi pecho.

-No.., no puede ser..-suspiró entre sollozos Anne. Se levantó y se envolvió en los brazos de su marido mientras que ambos lloraban.

Giré mi mirada hacia Harry. Estaba con las rodillas flexionadas y con las manos tapando su húmedo rostro lleno de lágrimas. Carolina y yo nos abrazamos. Al principio no sabía cómo debía sentirme, porque al fin y al cabo no conocía demasiado a Gemma aunque había oído hablar de ella miles de veces. Pero tras unos minutos, el gran y ahogador nudo de mi garganta, hizo que mis ojos también se empaparan de lágrimas.

-Es mejor que os valláis ya a la cama- dijo la madre de Harry aún llorando.

-Pero no podremos dormir con esta agonía- respondí yo. Y era verdad, así de ahogados ninguno dormiría. Anne puso cara seria, se secó las  lágrimas y se puso de pie.

-Pues más os vale porque mañana mismo partís hacia el sur de Inglaterra con los demás. No pienso dejar que os quedéis aquí con la tristeza de esta casa.-dijo ella de nuevo, y se dirigió a la cocina indispuesta a escuchar una sola réplica más. Robin asintió dando la razón a Anne y fue detrás de ella para encerrarse en la cocina. Posiblemente preferirían desahogarse fuera de nuestra vista.

-Vamos chicos- cogí a ambos de la mano y los llevé arriba a descansar.

Los dos habían dejado de llorar. Bueno, Carolina aún sollozaba, pero Harry tenía la mirada perdida en alguna parte. Le dejamos en su habitación para que puediera tener también un rato para él mismo y nos fuimos a nuestro cuarto.

Ya allí, mi amiga se puso el pijama y sin quitarse el maquillaje ni nada, se metió en la cama sin decir palabra. Suspiré profundamente, no era típico de ella comportarse de aquella manera y en una situación normal la habría dicho unas cuantas cosas; pero aquella no era una situación normal.

Me metí en el baño, cerré la puerta y me lavé la cara para limpiarla de todas las lágrimas de aquel día. Yo no llevaba maquillaje así que no necesitaba jabones especiales ni nada. Carolina y yo éramos como las típicas mejores amigas completamente diferentes. Ella era tímida, yo no llegaba a ser extrovertida, pero casi. Yo pedía perdón al momento y solía dar la razón al contrario, en una discusión. Ella por el contrario, era un poco orgullosa. A mí me gustaba vestir cómoda y sencilla y para nada me gustaba maquillarme. Ella también vestía normalmente cómoda pero, siempre iba maquillada. Teníamos diecisiete años así que no me importaban sus manías de que el maquillaje conjuntara con la ropa. De hecho, me hacía mucha gracia verla preparando el conjunto del día. El caso es que todas aquellas cosas, nos hacían mejores amigas porque nos completábamos una a la otra.

Salí del baño tras asearme, me puse el pijama y me metí en la cama. Debía descansar porque tenía claro que Anne no iba a cambiar su idea de que nos fuéramos al día siguiente.

Pasaron como dos horas y yo seguía sin poder dormirme. Era típico de mí no tener sueño hasta tarde, pero decidí que aquello ya era demasiado. Tenía toda la espalda empapada de sudor y gotas de sudor caían por mi frente. Así que me levanté, me puse las zapatillas y salí de la habitación.

Baje a la cocina para tomarme un vaso de agua. Estaba abriendo la nevera cuando, de repente, escuché un ruido en la oscuridad. Era una miedica, pero seguí a lo mío con una ola de miedo en mi cuerpo. Abrí la puerta del armario donde se encontraban los vasos y al coger el vaso, otra vez aquel sonido peliagudo volvió a producirse. Alguien estaba caminando hacia mí y yo estaba aterrorizada. “Tranquila, no pasa nada, ¿quién podría ser?”  Pero seguía oyendo pasos, y yo retrocedía hacia atrás despacio y temblando. Caí al suelo de golpe y cuando fui a gritar, me tapé la boca. En ese momento, a pocos centímetros de mí aparecieron unos enormes ojos amarillos. La luz de la luna me alumbraba y entonces el cuerpo salió a la luz, acercándose más a mí. 

Cuatro pequeñas patitas salieron de la oscuridad. Y un pequeño gatito blanco y negro me lamió la mejilla. Respiré de nuevo. Solo era la pequeña gata de Harry.

-Menudo susto me has dado amiguita- susurré, mientras acariciaba su lomo.- ¿Te subes conmigo a la cama? Así al menos ninguna de las dos estaremos solos.

Me levanté, cogí mi vaso de agua y salí de la cocina, seguida de mi nueva amiga, Molly.


Capítulo 19


CAPÍTULO 19

Pasamos a la habitación en la que estaba Gemma. Carolina cerró la puerta detrás de sí y yo me dirigí hacia un espacio apartado pero acogedor en el que había una cama. Allí reposaba una bella muchacha con un largo y oscuro cabello y unos ojos verdes tan brillantes como los de su hermano. Cuando me vio sonrió con una mirada demasiado tranquilizadora.

-Hola, vosotras debéis de ser Emily y Carolina. Harry me ha hablado mucho de vosotras- dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja y con una voz muy suave.

-Sí, somos nosotras – intenté hacer el sonido de una pequeña carcajada, pero el nudo de mi garganta era demasiado grande como para permitírmelo.

-Bueno, ¿qué tal estás? Debe de ser muy difícil vivir aquí con tan poco espacio para guardar tu ropa jaja- las dos rieron y yo sonreí, aliviada porque mi amiga me había ayudado.

-Pues estoy más o menos, muy agradecida de que hayáis acompañado a Harry. Esto debe de ser muy duro para él- un río de lágrimas inundaron sus ojos. Y yo tuve que luchar para que no me ocurriera lo mismo.

-¿Quieres que te traigo un vaso de agua?- Preguntó Carolina. Gemma asintió y mi amiga despareció por la puerta.

Me aproximé a ella y me senté en su cama mientras la secaba las lágrimas de las mejillas. En ese momento comenzó a llorar más aún y a decir repetidamente “¿Por qué Harry, por qué…? “. No sabía qué hacer, Gemma empeoraba con mi presencia pero, ¿por qué?

La cosa estaba empeorando y yo no sabía qué hacer. Gemma me tenía agarrada muy fuerte de la muñeca y no podía moverme para pedir ayuda.

-Gemma , ¿qué ocurre? ¿Qué he hecho?- dije asustada y temblando.

-Harry, Harry, Harry…- no conseguía terminar su frase.

-Sí Gemma sé que quieres que venga Harry, pero si no me sueltas, no puedo ir a bus..

-¡No! ¡No quiero que venga!- gritó ella, eso me asustó aún más- Es que..- me volví a sentar en la cama y la acaricié la mejilla para que se relajase y que pudiera hablarme claro.

-¿Qué pasa? Soy de fiar, puedes confiar en mí. Tranquila, todo va a salir bien- dije ya más relajada y con un tono de voz dulce que consiguió tranquilizarla más.

-Gracias, ya estoy mejor. Es que, desde que llegaste a aquel concierto en Londres, Harry no ha parado de llamarme y hablarme sobre ti. Y la verdad me decía cosas muy bonitas- tomó una pausa. ¿Qué quería decir con todo aquello? Demasiadas preguntas rondaban por mi mente. Así que tomé aire y me dediqué a escucharla con atención- Harry.. Harry... Harry.... te quiere Emily. Pero no como una amiga o incluso mejor amiga. Sé que estás saliendo con Niall, pero Harry no deja de pensar que jamás serás suya y bueno que te ama..- dejó aquellas últimas palabras en el aire.

Durante los siguientes minutos hubo silencio en la habitación, yo me había quedado sin respiración, aquello había sido un duro golpe. Carolina ya me había advertido de ello, pero yo decidí ignorarla. Pero en ese momento sabía que no podía dejar pasar aquello, porque esa vez era de verdad. “Te ama” no dejaba de repetirse aquello en mi mente. Dos palabras que cambiaron por completo mi forma de ver las cosas. Dos simple palabras que me ayudaron a comprender muchas cosas y actitudes que Harry había tenido conmigo.

Carolina volvió con lo que Gemma la había pedido y mientras que se entretenían hablando, le dediqué una sonrisa a la preciosa chica que reposaba en la cama. Ella me sonrió de vuelta y yo me dirigí a la puerta.

viernes, 5 de octubre de 2012

Capítulo 18


CAPITULO 18

Cuando entramos en el hospital, recorrimos muchos pasillos entrelazados, en los cuales me di cuenta que, de haber ido sola me habría perdido seguro. Después subimos en ascensor a la décima planta y tras atravesar un pasillo larguísimo, llegamos a una sala de espera. Carolina y yo nos quedamos allí sentadas mientras que el resto de la familia se adentraba en otra habitación la cual supuse que sería en la que Gemma estaría reposando antes y después de su operación.

-Pobre Harry, menos mal que le hemos acompañado- dijo Carolina entre suspiros.

-Sí, menos mal ¿te imaginas que nuestras madres se enteraran de dónde estamos?-dije riendo, para mejorar el ambiente.

-Estarían como locas- respondió ella siguiéndome el juego- Creo que llamaré a Zayn, me dijo que le llamara ayer y con tanto jaleo se me olvidó.-

-De acuerdo, estaré aquí- no me dio tiempo a terminar porque ya se había levantado, y alguien salía de la habitación de Gemma.

Harry salía de la habitación con paso pesado y triste. Se sentó a mi lado y le cogí de la mano. Sabía que las palabras no solucionarían su ánimo y además estaba segura de que él no tenía muchas ganas de hablar. Así que simplemente le abracé y le permití llorar en mi hombro. 

Tras unos minutos de llanto, los padres de Harry salieron de la habitación y era el turno de él para pasar  con su hermana unos minutos antes de la operación. La cual dependía de la vida o la muerte de la muchacha.  

En cuanto Harry desapareció del pasillo, mi móvil comenzó a sonar. Era Niall. Una enorme sonrisa iluminó mi rostro; no me había dado cuenta de lo mucho que le echaba de menos. Me levanté y me puse a recorrer los pasillos del hospital mientras hablaba con él.

-Hola cielo ¿Qué tal estás?- dije con dulzura.

-Muy bien, aquí todo está como siempre, ¿y por allí princesa mía?- la voz le vibraba. Estaba intentando no llorar.

-Pues también, estamos en el hospital, Harry acaba de pasar a ver a su hermana. Enseguida pasaremos Caro y yo. Aunque no la conozcamos en persona, queremos desearle lo mejor.- Tomé un suspiro muy profundo; no quería que se diera cuenta de que me había percatado de sus sollozos.

- Me alegro mucho; espero que todo salga bien…-dejó de hablar unos segundos, dejando sus palabras en el aire- Te echo muchísimo de menos Emily, echo de menos tu sonrisa, tus besos, tus caricias, tu cabello tan suave y rizado. Te amo.

- Yo también te amo, cariño mío, te echo muchísimo no, más de menos- A los dos nos estallaron las lágrimas en la cara. No le podía ver pero su dolor me daba punzadas en el pecho.

-Será mejor que nos despidamos o nos pondremos peor ¿de acuerdo mi niña? Llámame mañana, así los dos estaremos más calmados. – dijo él un poco más relajado.

-Vale, adiós mi rubio bonito, adiós…- tenía razón era mejor calmarnos. Colgué el teléfono.

Y me puse a pensar en lo que me había dicho “espero que todo salga bien”.
“Bien, bien, bien…” “Niall, sin ti, yo ni nada a mi alrededor estará bien nunca” pensé justo antes de dejarme caer en un enorme sofá y comenzar a llorar desconsoladamente.





lunes, 1 de octubre de 2012

Capítulo 17 (segunda parte)


2º PARTE

CAPITULO 17

El chofer aparcó el coche en la puerta de una casa enorme, alta y no muy colorida. Pero con toda la pinta de ser acogedora. Me bajé del coche con la cabeza bien alta, para dar buena impresión a la pareja que esperaba en el umbral de la puerta. Harry fue corriendo a saludarles y aquello se convirtió en lágrimas y comentarios de nostalgia y pena. Así que decidimos acercarnos para proporcionar alguna sonrisa.

-Hola- dijimos las dos al unísono con una sonrisa en los labios, y ahogándonos la pena de la razón por la cual nos encontrábamos allí.

-Mamá, papá; estás son Emily y Carolina unas fans que ganaron un concurso para venirse con nosotros en nuestra gira- dijo Harry, dándose la vuelta hacia nosotras mientras se secaba las lágrimas de las mejillas.

La idea de pensar que estábamos mintiendo a todo el mundo diciendo que habíamos ganado un concurso; me aterrorizaba. Intenté evitar que se notara mi escalofrío.

-Encantados de conoceros, y gracias por acompañar a nuestro hijo; esto es muy duro para él- dijo su madre hablando por ambos y nos dejó sitio para pasar a su casa.

El chofer y el padre de Harry se dirigieron a recoger nuestras cosas; pero esa vez fui corriendo a colaborar.

Su madre nos dirigió a mi amiga y a través de los pasillos de aquella casa. Hasta llegar a una habitación que tenía dos camas. Nos dijo que nos dejaría un ratito para colocar nuestras cosas y la hora de la cena. En cuanto cerró la puerta tras de sí, me dejé caer sobre la que había decidido que sería mi cama y suspiré profundamente.

-Bueno ya estamos aquí- dijo Carolina imitando mis movimientos.

Habíamos terminado de guardar nuestras cosas y dejar todas las bolsas y maletas vacías. Carolina se fue hacia la cocina porque decía que quería apoyar a Anne antes de estar en público. Yo decidí ponerme una ropa más cómoda pero formal ya que estaba en casa ajena.

Cuando salí por la puerta de la habitación, mientras me hacía un moño a mano alzada; escuché a Harry tararear una de sus canciones y me dirigí hacia la habitación de donde procedía la voz. Pasé al lado de una puerta entreabierta y descubrí dentro un enorme piano de cola. Decidí no adentrarme por educación. En ese momento note que alguien me cogía de la cintura para hacerme cosquillas y me elevó en el aire, mientras que yo no podía respirar debido a las carcajadas. Cuando mis pies volvieron a tocar el suelo me giré y descubrí a centímetros de mis ojos, la preciosa mirada de Harry.

-Anda, vamos a cenar- dije cogiéndole del brazo y tirando de él para que me siguiera.

Durante la cena la mayoría del tiempo únicamente había silencio, noté que Anne intentaba dar temas de conversación, pero siempre acababan entre ella y Carolina. Cuando acabamos, nos dijeron que al día siguiente madrugaríamos para ir al hospital y pasar el día con Gemma.

Cuando llegamos a la puerta de nuestra habitación, me despedí de Harry con una mirada y le deje a solas con Caro, al fin y al cabo también era su amiga y no tenía derecho a robarles todo el tiempo.


Me despertaron unos golpecitos en la puerta. Por la ventana ya entraban rayos de sol así que supuse que hacía poco que había amanecido. La madre de Harry, desde el otro lado de la puerta, nos avisó de que dentro de poco había que bajar a desayunar. Carolina entró en el baño medio adormilada y yo me levanté hice mi cama y me preparé la ropa. En cuanto estuvo libre el baño, me di una ducha rápida pero relajante y a la vez refrescante. Después me vestí con unos vaqueros cortos y una blusa suelta a cuadros. Carolina me estaba esperando, sentada en la cama leyendo una revista, así que nos pusimos los zapatos y bajamos a desayunar.

En poco tiempo, estábamos esperando Harry y yo en el coche, a los demás que terminaban de arreglarse.

-Estás muy guapa, bueno siempre lo estás…- me dijo él mientras asomaba en su rostro una sonrisa que no veía desde anoche, y antes de eso, hacía días. Estaba claro que le hacía feliz que le hubiera acompañado. No pude evitar ruborizarme.

-Gracias, tu también estás muy .. apuesto –le respondí entre risitas- ¿has podido dormir? Tienes unas ojeras enormes- proseguí mientras le acariciaba suavemente la parte inferior de sus párpados.

-No mucho pero no te preocupes, podré dormir en el hospital; total tendré que pasar allí muchos días- dijo entre suspiros, y con tono de tristeza. Eso me irritaba, no podía mirarlo todo tan negativamente aunque fuera difícil. Pero decidí relajarme, antes de empeorarlo.

-Hoy va a ser un día duro, porque van a operar a tu hermana, así que no me separaré de ti; podrás dormir, pero solo un poco- dije y le sonreí, gesto que él me devolvió.

Cuando estuvimos todos sentados en el coche y estábamos a punto de empezar el viaje, di un respingo cuando Harry me agarró con mucha fuerza la muñeca. Tanto que tuve que ahogar un grito de dolor. Le miré rápidamente y noté en su mirada que todo esto le estaba resultando muy duro, que estaba a punto de hacer una locura. Así que me apoye en su pecho y dejé que me rodeara con su brazo con fuerza, mientras que yo le hacía caricias para que se relajara. Hasta que cayó dormido, pero no me aparté de él.