lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 26

CAPÍTULO 26

-¡Sorpresa! –Gritamos todos a la vez, viendo como Liam se sobresaltaba por el susto y segundos más tarde, lloraba de felicidad.

-Oh, no llores hermanito- le dije mientras le cogía de la mano. Y él se dejó caer sobre mí, abrazándome de esa manera tan tierna.

-Muchas gracias de verdad, no me lo merezco…

-¡Pues claro que sí!- le corté, ahora mirándole a la cara.- Eres de las mejores personas que conozco y te mereces esto y mucho más ¿vale?- él simplemente, me sonrió.

Le deje con Danielle y me fui con Caro, que estaba colocando a la perfección los aperitivos.

-Hola, hermanita – la dije con una sonrisa de oreja a oreja. Ella me miró un poco confundida, al verme. 

Realmente, estaba muy concentrada en que todo fuera perfecto, y ala vez estar feliz. Esa era mi chica.

-Hola ¿qué tal Liamcito?- respondió ya sonriendo y con ternura.

-Muy bien, estará abriendo los regalos.- me giré para verle allí sentado con su nuevo look que tan bien le quedaba y sonriendo como un niño pequeño- Realmente se merece esto- dije antes de irme con ellos.

Me senté al lado de Harry, ya que Niall estaba con Zayn y yo no quería molestar. Mientras que veíamos como Liam reía y disfrutaba de sus regalos con los demás, Harry me susurró al oído:

-¿Has pensado ya en algo?

-¿Y qué se supone que tengo que pensar?- le respondí yo confusa, sin apartar la mirada de Liam.

-Pues no sé, eres tú la que dijiste…

-La que dijo que aquello se tenía que acabar- le interrumpí.- Eso fue exactamente lo que dije.

-Valla, ya hablas de ello como algo del pasado, ¿eh? – dijo entonces más triste y bajando la mirada.

-¿Y cómo quieres que hable de ello?- había alzado un poco la voz por los nervios y Zayn, Danielle y Eleanor se giraron sorprendidos. Después volvieron a poner su atención en Liam. Suspiré profundamente.-Harry…- me hozo una seña para que me callara.

-Chicos, voy a mi bodega, tengo un vino muy bueno y podemos estrenarlo, si queréis- dijo él entonces, todos asintieron. Yo estaba perdida ¿por qué había cambiado de tema?- Emily, ¿te vienes conmigo?-asentí.



Unos minutos más tarde, estábamos bajando las escaleras hacia la bodega de la casa de Harry. Había muy poca luz, tan solo una pequeña lámpara que iluminaba un cuarto de la habitación. Cuando él estaba eligiendo el vino, yo me senté en una mesa de billar, los pies no me llegaban al suelo. Salió de entre unas altas estanterías llenas de botellas de vino y se dirigió a mí dejando la botella en una mesa de madera.

-¿Por qué hablas de ello como una cosa del pasado?- dijo posando sus manos a ambos lados de mis muslos, me tenía rodeada.

-Porque ambos dijimos ayer mismo que aquello se tenía acabar. Yo amo a Niall- dije sin dudar.

-¿Y a mí no?- frunció el ceño-¿me vas a decir que a mí no me amas?- se acercó aún más.

-No sé lo que pasó ayer Harry, pero yo estoy enamorada de Niall. Y quiero que sigas siendo mi mejor amigo, o al menos de mis mejores amigos. Quedamos en eso ayer-intentaba mantener la calma.

-Pero es el pasado, si para ti lo es, para mí entonces también- nuestros labios prácticamente se rozaban.

-Harry dios mío, no lo empeores- dije suspirando.

Me cogía por la cintura muy despacio, mientras me acercaba a su pecho.

-Harry no lo hagas…

-Shhh

Me tenía muy agarrada y me besó. Después se separó unos milímetros para dejarme recapacitar. No lo hice.
Me volvió a besar más apasionadamente. El escalofrío no, no podía volver a mi, pensé. Le conseguí apartar para respirar.

-Harry, lo siento…

-Yo también, pero ¿te haces una simple idea de qué mierda es esto? No puedo estar a tu lado sin desearte.
Mi mano estaba posada sobre su pecho, y su corazón iba a explotar. Estaba diciendo la verdad. Y yo no podía respirar. Harry lo notó y me besó, pero esta vez para darme aire a los pulmones.

En cuanto las fuerzas volvieron a mis venas, le pregunté:

-¿Me deseas?

-Más que a nada en el mundo, me dejas sin respiración con tu sonrisa, me derrites cuando te muerdes el labio inferior, y cuando te mueves al bailar por estar feliz, deseo que solo seas mía- su mirada era completamente sincera.

-Harry…- le di un pequeño empujón para que se apartase- lo siento, no puedo. -Se apartó sin mirarme a los ojos. Yo aún no había soltado su camisa y la estaba agarrando con mucha fuerza.

Las manos me temblaban y las lágrimas ya rodaban por mis mejillas. Cuando bajé de la mesa, me miró fijamente, ambos estábamos llorando. Le conseguí soltar la camisa. Y me fui hacia las escaleras.

-Vamos, no estarán esperando- le dije. Aún no habíamos parado de llorar.






Capítulo 25


  
CAPÍTULO 25
Era el cumpleaños de mi hermanito mayor así que, tras salir de la ducha y secar mis lágrimas, decidí que tenía que estar guapa para él.
Cuando salí del cuarto de baño, con una sola toalla tapando mi cuerpo desde el pecho hasta encima de mis rodillas, encontré a Niall esperando para pasar a ducharse. No debí haber tardado mucho porque pareció sorprendido al verme. Le sonreí y mis mejillas se ruborizaron.
-Estás, hermosa- me dijo el dulcemente mientras me cogía de la cintura, para acercarme a él.
-Gracias cielo- le dije sonriendo, veía sus ojos centellear, y lo siguiente que recuerdo es que estaba besándole apasionadamente.
Mis brazos, fueron hacia su cuello para rodearlo, por instinto. Noté como la toalla, resbalaba por mi espalda hasta caer al suelo. Aquel momento era hermoso, nunca me había sentido tan bien, estábamos abrazados mientras que nuestros labios jugueteaban con nuestras lenguas. Ya no tenía nada que cubriera mi cuerpo, más que los brazos de Niall.
Nos separamos despacio al tiempo que abríamos los ojos. Se tapó los ojos soltándome de golpe, mientras gritaba de broma “Te prometo que no veo nada de nada. Puedes coger la toalla y taparte y nada habrá pasado, digo de que has estad desnuda!”
-Jajaja eres tonto- decía yo sin parar de reír. Ya estaba tapada. –Yo no quiero olvidar.
Entonces él se quitó las manos de la cara y me miró fijamente, sus ojos aún centelleaban. Esta vez, su semblante era serio.
-Yo no quiero y jamás he querido ni querré olvidar- aquellas palabras salieron de sus labios, como una brisa de melancolía. Y una punzada de dolor  y felicidad surgió de mi pecho.


Niall salió del baño, justo en el momento en el que me terminé de arreglar. Me había puesto una camiseta ajustada de tirantes, azul oscuro. Conjuntada con una falda blanca con estampado de rosas amarillas y azul oscuro, la falda subía por encima de mi ombligo, sobre la camiseta de tirantes. Me puse unas sandalias blancas, unas pulseras y me hice una trenza de raíz que recogí como una diadema, mi flequillo y parte de mi cabello, el cual me había dejado rizado.
Mi chico se puso unos pantalones y un polo de los que le quedaban tan perfectamente bien. Y se colocó su tupé con mi ayuda.
Después, bajamos abajo para ir a casa de Louis, ya que faltarían unos cinco minutos para que llagase con Liam. Cuando llegamos estaba todo preparado y Zayn nos dijo que solo faltaba esperar, que Louis les daría un toque antes de entrar. Apagaron las luces y todo quedó en silencio.
-Ven- me dijo Niall en un susurro, y me cogió de la mano.
Cerré los ojos lentamente mientras me dejaba llevar. De repente, tropecé con un escalón y abrí los ojos en el justo momento en el que Niall me cogía antes de llegar al suelo.
En ese momento nuestras miradas se cruzaron y pude ver un destello en sus pupilas. Miré hacia arriba, desviando mi mirada de la suya y descubrí el hermoso cielo repleto de estrellas.
Me volvió a posar, dejando mis pies en el suelo.
-Nunca me había parado a mirar lo bonito que es el cielo. Nunca lo había podido ver con tan buena perspectiva- le dije. Él me sonrió dulcemente, mientras que me cogía de la cintura.
Pensé que era momento perfecto para decírselo. Antes de mentirle más. No me podía seguir aprovechando de su inocente amor.
-Niall…
-¿Si? - me volvió a hablar con ese tono tan dulce. Me besó dulcemente en la mejilla. El último beso que me daría jamás.
-Verás… yo…
-¡Vamos! ¡Corred, ya están aquí!- gritó de repente Harry desde la puerta de la cocina.
Los dos salimos corriendo hacia la habitación, y estuvimos en silencio, escuchándonos las respiraciones unos a otros, hasta que llego el momento.



jueves, 18 de abril de 2013

Capítulo 24


CAPÍTULO 24
Llegamos a una de las calles principales de Londres, lo supe porque tenía varios carriles de carretera y estaba llena de      
 gente y de tiendas. Después de salir del enorme atasco que estaba allí montado, callejeamos hasta llegar a un parking enorme. Había una guarda de seguridad en la puerta y Niall se bajó  del coche para enseñarle el carnet de identidad. Se subió de nuevo al vehículo, y avanzamos mientras que el guarda abría la puerta.
Tras encontrar sitio en las primeras dos filas y aparcar el coche, salimos de allí dándole las gracias al hombre que cuidaba de los coches de la gente VIP que pasaba por allí.
-¿No te reconoce nadie? No sé, yo lo haría si te viera- le pregunté a mi chico.
-No me suelen reconocer mucho, si fuéramos los cinco chicos sí, pero yendo yo solo y con una chica que nadie conoce, es más difícil. Además somos muy buenos amigos de algunos paparazzis y les prometemos mostrarnos cuando quieran y responder a todas sus preguntas; a cambio de que ellos nos den un pelín más de intimidad. Así que no te preocupes, hoy seré solo tuyo- respondió mientras rodeaba mis hombros con su brazo.
-Me alegra oír eso- le dije sonriendo. Iba a disfrutar de aquello. Sería de lo último que hiciera con él antes de contarle la verdad.
Llegamos al final de la calle, y cuando giramos en la esquina, encontramos el restaurante.
Todo el mundo que trabajaba allí, eran adultos así que muy pocos reconocieron a Niall. Y los que lo hicieron, simplemente le pidieron un autógrafo para sus hijas o algo por el estilo. Nadie preguntó quién era la chica que había estado callada todo el rato y que acompañaba a un famoso al mejor restaurante de Londres. Mejor.
Terminamos de comer, pensaba que yo comía mucho, pero desde luego Niall me ganaba por mucho.
-¿Has comido bien?
-Pues claro, estaba todo buenísimo. Pero nada te gana a ti- dije sonrojándome por la cursilada que acababa de decir.
-Jaja muchas gracias cielo- dejó el dinero en la bandeja.
Nos levantamos y, cogidos de la mano salimos por la puerta del restaurante, agradeciendo y despidiéndonos de los camareros. Quedaban cinco horas para la fiesta y teníamos que comprar todos los regalos y llegar a casa con tiempo para arreglarnos. Y preparar las maletas, porque al día siguiente nos íbamos a América.
El centro comercial estaba cerca, así que decidimos ir andando porque así tardaríamos menos. A aquellas horas de la tarde, no había prácticamente nadie por la calle, lo cual ambos agradecimos, porque así no habría miedo de que descubrieran a Niall.
Pero cuando llegamos a la puerta del enorme centro comercial, descubrimos que dentro, había montones de chicas y chicos adolescentes. Retrocedimos unos pasos, y llevé a mi novio a un callejón donde nadie nos pudiera ver.
-¿Qué podemos hacer?- me dijo él asustado.
-Mmm a ver…-tenía que mantener la cabeza fría. Y aquello dio resultado.- De acuerdo. Tal vez tengas un poco de calor, porque estamos casi a cuarenta grados, pero no hay otra solución.- él asintió decidido a hacer lo que fuera.
En mi bolso, llevaba una sudadera, que había metido allí antes de salir de casa de Harry, por si tenía frío solo con la chaqueta vaquera. La saqué y se la puse a Niall, después le puse la capucha, despeinándole. Pero aquello no era lo más importante en aquel momento. Tras aquello, le puse de nuevo las gafas de sol.
-Listo, no creo que nadie te reconozca, con la cabeza tan tapada, sin rastro de los otros cuatro y con una chica de tu mano- dije en un tono un poco chistoso. Él asintió.
Y nos volvimos a adentrar de nuevo en el centro comercial. Nadie, nos hizo ni caso y estuvo muy bien.
Encontramos todo lo que nos habían encargado los demás  e incluso, nos sobró dinero. Terminamos nuestro trabajo en unas tres horas. Después nos fuimos rápidamente al parking, metimos todo en el maletero, y nos fuimos de vuelta a casa.
-Vaya, esto sí que cansa- dije fatigada por la carrera del centro comercial al coche.
-Jaja menos mal que no eres tú la que tiene que dar saltos y gritos muchas noches durante horas. Los conciertos también tienen su parte mala- respondió él.

Cuando llegamos a casa, Zayn nos ayudó a llevar las cosas dentro y a colocarlas en una montaña enorme. Después nos dijo que nos fuéramos a arreglar ya que ellos ya estaban todos listos.
-¿Cuánto tiempo tenemos?- dije a Niall, ya en nuestra habitación.
-Pues exactamente… una hora y quince minutos, así que vamos princesa, las damas primero- me dijo dulcemente. Después me dio un beso suave en el cuello. Y yo me metí en el baño.
Ya dentro de la ducha, comencé a llorar, tendría que decirle dentro de poco, la locura que acabaría con aquel cuento de hadas. La locura, que acabaría con mi vida.





domingo, 10 de febrero de 2013

Capítulo 23


     
CAPÍTULO 23
Nos sentamos los tres en la parte trasera del coche. Y después de que Harry le dije al taxista nuestro destino, comenzamos el viaje. Entonces sí que empezaba lo bueno. Me volví a acordar de Liam.
-Caro, ¿has vuelto a llamar a Zayn, para lo del cumple de Liam?
-No me digas que a doña perfecta, se le ha olvidado el cumpleaños del Daddy Direction…-dijo Harry en tono burlón, refiriéndose a mi amiga.
-Pues si se me ha olvidado ¿vale? Para tu información es muy difícil ser perfecta, en cada segundo de tu vida- respondió ella siguiéndole el rollo. Aquello hizo que yo estallara en carcajadas. Definitivamente, no podía parar de reírme.
-Bueno, ¿y qué ha pensado la señora?- dijo de nuevo Harry, haciendo todo lo posible para no estallar él también en carcajadas.
-Pues he llamado a Zayn y me ha dicho que Louis se llevará a Liam todo el día de compras y al cine. Así que él y Niall irán a comprar la comida y los preparativos para la fiesta. Mientras que nosotros tres, Danielle, y Eleanor llegamos. Con todo esto creo que está claro que en cuanto lleguemos a casa, yo me quedaré a preparar todo con Zayn, mientras que tú Harry preparas la cena junto con las chicas. En todo esto, tú, Emi y Niall iréis a comprar los regalos de todos con el dinero de cada uno. ¿Queda claro?- dijo ella con un aire superior.
-Sí, señora- respondimos los dos al unísono. Y estallamos los tres en carcajadas.
En ese momento, empezó a sonar en la radio “This song saved my life” de Simple Plan, mi tercer grupo favorito, tras One Direction y Selena Gomez. Y nos pusimos los tres a cantarla. No teníamos nada de vergüenza, éramos como amigos de toda la vida. Y aquello me encantaba.

Tras llevar un rato cantando, me cogí un libro de mi bolsa, y me puse a leerlo. Supuse que vieron como fruncía el ceño al leer debido al volumen de la música, porque la bajaron hasta que, prácticamente, ni se escuchaba.
Caro y Harry, estuvieron un buen rato sin armar jaleo para no molestarme. Y tras una hora, Harry también se puso a leer. Sin embargo mi amiga, que no era mucho de leer, aunque fuera muy inteligente, se puso a escuchar con sus auriculares probablemente, a Justin Bieber. Su ídolo, aparte de One Direction. Pero ella amaba a Zayn. Eso estaba muy, pero que muy claro.
Cuando mis ojos ya estaban irritados de tanto leer, pregunté cuanto faltaba para llegar. Tan solo quedaba una hora y media. La vuelta estaba siendo mucho más rápida que la ida. Y mis ganas de volver a ver a Niall, cada vez crecían más. Dejé el libro en su sitio y me recosté en mi asiento. La canción de “As log as you love me” del mismo Justin, estaba sonando en mi mente, así que cerré los ojos para sentirla más dentro de mí.
-Emi, preciosa, venga, despierta que ya hemos llegado- desde mi conciencia, oís a Harry, diciendo que me despertara. Pero estaba demasiado cansada del viaje, y no quería abrir los ojos. De repente, estaba atrapada en la oscuridad.
Abrí los ojos lentamente, no tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado desde que habíamos llegado. Pero por el sol que entraba por el balcón, estaba segura de que ya era mediodía. Reuní las fuerzas suficientes, para sentarme en la cama. Alguien me había quitado los zapatos. Posiblemente, la misma persona que me había llevado hasta el dormitorio.
-¡Al fin te despiertas! Parecías la bella durmiente. Pero te he besado como diez veces, y no despertabas jaja- dijo Niall con su voz tan dulce. Se sentó a mi lado en la cama. Mirándome fijamente a los ojos.
-Hola Niall, te he echado de menos- dije sonriendo mientras le abrazaba.
Cuando nos separamos, me cogió de la cintura y me besó. Sus besos, cuánto me gustaban. Entonces caí, en lo que había pasado la noche anterior ¿Qué había hecho? Me sentía fatal, traicionera  e idiota. Y la agonía comenzó a recorrer todo mi cuerpo, como una corriente de agua helada.
-¿Estás bien?- me dijo él preocupado.
-Si si es que estoy un poco cansada del viaje.
-¿Estás segura? Te noto distinta- alzó su ceja, con expresión de incredulidad. Me encantaba aquel gesto tan peculiar suyo. Y me empecé a reír. Él simplemente sonrío al verme feliz.
-Jajajajjaajja, ¡para de hacer eso! Jajajajjaja
-No voy a parar hasta que te mueras de risa- y lo volvió a hacer- Aunque la verdad, para que te murieras, sería mejor comerte yo mismo a besos. Aún así, nunca querría que murieses, mi niña.
-Jajajajajaja… Te quiero Niall- dije intentado calmar mi risa.
-Y yo a ti Emi. Así que, venga lávate la cara, ponte los zapatos y para fuera. Que tú yo tenemos que ir a comprar los regalos para Liam- dijo tirando de mi para que saliera de la cama.
En cuanto terminé de arreglarme, bajé a la planta de abajo. Niall estaba esperándome en la cochera. Me subí con él a un lujoso coche deportivo. Pero tenía la capota puesta, porque con aquellas temperaturas nos asaríamos de calor.
-Guau, esto es alucinante- dije muy sorprendida, nunca había ido en un vehículo de tanto valor.
-Jajaja pues te tendrás que ir acostumbrando, porque tu novio es famoso- dije en tono chistoso, mientras se ponía unas gafas de sol Ray Ban negras.
Salimos de la cochera, y cuando se terminó de cerrar la puerta. Estábamos ya saliendo por la enorme vaya.
A medio camino, noté como me sonaban las tripas, y el hambre que tenía.
-Oye cielo, nos es por nada pero, yo no he comido aún y estoy muerta de hambre- dije intentado no enfadarle por tener que cambiar los planes.
-Ya lose, es por eso que vamos al mejor restaurante de Londres, a comer ¿te parece bien?- dijo agarrándome la mano, mientras que con la otra controlaba el volante.
-¿Qué si me parece bien? Oh dios mío, muchísimas gracias cariño. Pero ¿por qué? Podríamos haber picado algo antes de salir y así no te tendrías que gastar tanto dinero en mí- me sentía mal, no me merecía aquello.
-Pues lo primero: me podría gastar cien veces más dinero en la princesa más bonita del mundo ¿vale?- asentí con lágrimas en los ojos, por lo idiota que había sido- y segundo: quiero celebrar nuestra relación, por fin es oficial, y lo pienso celebrar como es debido. Por nosotros. Porque esto, jamás acabe- me cogió la mano con más fuerza.
Definitivamente, era la persona más cruel del mundo. Amaba a Niall y solo a Niall, pero lo que había pasado con Harry no se podía borrar. Y yo no podría estar con Niall sabiendo lo que había hecho.



jueves, 24 de enero de 2013

Capítulo 22


CAPÍTULO 22

Tenía la cara húmeda, la verdad, la notaba muy húmeda. Era como si algo me la estuviera mojando poco a poco. Era como si… Abrí los ojos y allí estaba, sentada sobre mi estómago, lamiéndome la cara. La pequeña Molly, me estaba despertando, pensé que sería demasiado temprano. Casi no entraba luz por la ventana. Alguien había subido la persiana.

-¿Qué hora es pequeña? –dije somnolienta, mientras acariciaba el lomo de Molly.

-Son las seis de la mañana, vamos dormilona, o perderemos el taxi que Anne nos ha alquilado- allí estaba Carolina, con su cama ya hecha y terminando de hacer su maleta. Cuando la miré me dedicó una sonrisa.

-Por dios si solo estamos a cinco horas de los demás- dije resoplando y tirándome de nuevo en la cama.

-Sí, ya lo sé. Pero de esta manera llegaremos allí sobre las doce y allí solo tendremos tiempo para comer, y rehacer las maletas con más ropa. Zayn me acaba de llamar para decirme que por la tarde hay que ir de compras para las cosas de última hora. Y que mañana mismo partimos a Estados Unidos para empezar la gira. 

– Al escuchar aquello, di un salto de la cama, espantando a Molly.

-Pues vamos al ataque jaja.

-Jajaja vamos tontorrona, métete a la ducha.

-Oye por cierto, ¿qué día del mes es hoy? Es que con tanto lío ya no llevo la cuenta- pregunté yo, era verdad, en verano siempre pierdes la cuenta de los días.

-Jaja pues hoy es exactamente, 29 de agosto- entonces, las dos nos miramos a la vez, con la misma cara de idiotas  y de las malas personas que éramos. Era el cumpleaños de Liam.

-Oh dios mío, Liam… ¡Hay que hacer algo!  En el camino tenemos que comprarle un bueno regalo entre las dos y después..- estaba muy nerviosa, temblando para ser más precisos. ¿Cómo se me había podido olvidar?
Carolina me empujó hacia el baño.

-Yo llamo ahora mismo a Zayn y lo organizamos todo, además seguro que ellos ya tienen algo pensado, ahora date prisa que cuanto antes nos pongamos en marcha mejor- me cerró la puerta del baño, y no me quedó más remedio que ducharme.

Después salí, me vestí con unos pantalones vaqueros cortos que me llegaban hasta por encima del ombligo. Por debajo de los mismos, me puse una camiseta de tirantes, ajustada y blanca con rayas azul oscuro. Lo acompañé de unas convers blancas y de una chaqueta vaquera, del mismo tono que los pantalones.

Carolina ya me había hecho la cama, así que me deje suelta mi larga y castaña melena rizada, y terminé de hacer mi maleta. Tras acabar aquello, bajé a la cocina, desayuné un zumo y unas galletas. Tenía prisa y además no tenía nada de hambre. Lo de anoche me había dejado el estómago revuelto.

Carolina intentó impedírmelo, pero mis dichosas manías me obligaron a volver a subir a nuestra habitación para lavarme los dientes. En cuanto acabé recogí mi bolsa de aseo y me aseguré de que lo había recogido todo.

Al salir del cuarto, dejé mi bolsa al pie de las escaleras, y me dirigí a echar un último vistazo a la sala de música. Aquel piano me había enamorado. Cuando entré volví a encontrar a Molly y a Harry allí sentados.
Molly era una gata muy lista, porque sabía que nos íbamos, y en cuanto me vio se lanzó a mis brazos. La verdad era que le había cogido mucho cariño a la pequeña gatita. Cuando la estrechaba en mis brazos, las lágrimas empezaron a caer de mis ojos.

-Te echaré de menos pequeña, mucho- dije volviéndola a dejar en el suelo.

-Podemos llevárnosla, si quieres- dijo él. Levanté la vista y le vi allí, de pie delante de mí y sonriéndome de esa forma suya que tanto me gustaba. Me dio la mano y me ayudó a levantarme, dejando nuestros rostros muy cerca.

-¿De verdad? ¿Seguro que no te importa? – dije sonriendo.

-Pues claro que no, así además yo también la tendré cerca- me respondió sin parar de sonreír. Me acarició el rostro. –Oye Emi, si esto tiene que acabar, que sea en el último momento- prosiguió. Y después me besó apasionadamente. Yo me aparté de él, enseguida y le abracé poniéndome de puntillas.

-Te quiero Harry- susurré en su oído.

-Y yo a ti preciosa mía- me susurró él de vuelta.

Nos separamos, cogió a Molly en sus brazos.  Le cogí de la mano y tiré de él hacia el pasillo. Donde comenzamos a oír los gritos de Carolina, la cual estaba histérica porque seguramente el taxi estaría en la puerta de la calle esperándonos. Estaba regañándonos de esa forma tan suya, que no llegaba a ser una riña de verdad. Aquello hizo que los dos nos comenzáramos a reír a carcajadas. Me hacía muy feliz ver a Harry así de contento, tras la muerte de su hermana. Y yo era la razón de su felicidad.




Capítulo 21


CAPÍTULO 21

Subía por la estrecha escalera, con el pequeño gatito a mis pies. Cuando llegamos arriba, escuché un sonido muy suave que venía de una de las habitaciones, al otro lado de la escalera. Me dirigí, guiada por el instinto, hacia la habitación de la que provenía el sonido. Según me fui acercando, noté algo raro en el  sonido. Era música. Muy suave y piano, pero era música. Entonces me acordé de que el día que llegamos encontré una habitación que contenía un enorme piano de cola. Y supuse que de allí venía la preciosa melodía.

Al pasar al lado de algunas habitaciones, se escuchó un ronquido  muy fuerte y grave. Molly dio un respingo y se echó hacia atrás asustada. Me reí por lo mona que era, y la cogí en brazos. Cuando llegamos al final del pasillo, había una puerta entreabierta, de allí procedía la música, ahora más alta.

Abrí la puerta despacio, como por instinto. Allí estaba él, con su precioso cabello rizado, y sus brillantes ojos verdes que reflejaban la luz de la luna. Seguía tocando cuando entramos, no se había percatado de nuestra presencia. Molly saltó de mis brazos y fue corriendo a acomodarse al lado de su amo. Entonces, él se giró y me vio. Yo le devolví la mirada con una sonrisa muy dulce. No sabía por qué pero me salió así de tranquilizadora.

-Hola- dijo él sonriéndome- bájate de aquí Molly, aquí tiene que sentarse esa jovencita- le dijo al gato con un tono chistoso.

Cerré la puerta, para que no molestáramos y despertáramos a los demás. Después me senté a su lado. Él me miró, entonces, con una mirada en sus ojos, que era inconfundiblemente triste.

-¿Qué tal estás? ¿Qué pasa, no puedes dormir? – dije yo, de nuevo con dulzura, mientras le cogía de la mano.

-Pues la verdad, no estoy muy bien. Y no, no he podido dormir nada y supongo que tú tampoco ya que estás aquí- respondió, entrelazando sus dedos con los míos.

En ese momento comenzaron a aparecer, en mi mente todas esas veces que el contacto con Harry había producido un escalofrío en mi cuerpo. Cuando Gemma me dijo que me amaba. Aquella vez en el avión, en la que perdí su carta. ¿Qué pondría en aquella carta? ¿Sentiría aquellos escalofríos porque estaba enamorada de Harry? ¿Pero si yo seguía amando a Niall, que pasaría? No sabía qué pensar, qué decidir, qué no decidir, qué hacer. Estaba completamente perdida. Entonces, se me ocurrió una idea, que al menos para mí en ese momento, me quitaría todas las dudas. Pero, ¿y si salía mal? Harry me miraba preocupado.

-¿Estás bien?- me preguntó, acercando su rostro más al mío.

Yo tenía la mirada en otra parte. Entonces, él cogió mi barbilla y la alzó hacia él de manera que le mirara a la cara. ¿Lo hacía o no? ¿Era lo correcto? ¡Basta de preguntas, hazlo! Me grité, hacia mis adentros.
Acerqué mi rostro más aún al suyo, y le besé. De nuevo, aquel escalofrío volvió a recorrer todo mi cuerpo. Le besé durante unos segundos. Aquel había sido uno de los mejores besos de mi vida. Entonces, abrí los ojos, a la vez que él. Leí en su rostro sorpresa, amor, y felicidad. Mucha más que hacía unos minutos. No le veía sonreír así desde hacía días. Y me encantaba verle así de feliz.

Se acercó de nuevo y me volvió a besar, esta vez, más apasionadamente, más tiempo. Me gustó incluso más que el primero, así que no paré. No podía. Había perdido el control.

Me cogió por la cintura y me levantó para volverme a posar sobre sus piernas. De forma que quedábamos cara a cara. Seguimos besándonos, más apasionadamente cada vez. Yo pasaba mis brazos con una fuerza incontrolable por su espalda, mientras que él me acercaba más y más a él. Levantándome en el aire y volviéndome a dejar de nuevo sobre sus muslos. Aquello era, posiblemente, lo mejor que me había pasado en mi vida.

Hice intención de parar, obligando a mi cuerpo, pero no podía. Comenzó a besar mi cuello, suavemente, bajando cada vez más hasta llegar casi a mi pecho. Sus manos acariciaron mi espalda, y bajaron más de la cuenta, pero eso en aquel momento era lo de menos.

Después, sus labios volvieron a posarse en los míos. Y yo me dejé llevar de nuevo. Harry me hacía sentir de una manera que nadie más podía alcanzar. No más que Niall, simplemente diferente. Seguimos así durante muchísimo rato. Y en uno de sus besos, sus labios dejaron escapar un pequeño gemido. Decidí pasarlo por alto y no parar. Sencillamente, porque no podía hacerlo. Mientras le besaba, otro gemido más alto que el anterior, salió de sus labios y seguidamente de los míos. Yo estaba tan pegada a él que podía sentir lo latidos de su corazón como si fueran míos. Entonces noté algo, debajo de mí, algo que se estaba… No, esto tenía que parar. Con mucho esfuerzo, conseguí apartarme unos centímetros de él, me lo permitió, pero no me soltó.

Cuando abrí los ojos, fue cuando me percaté de que, con tanta fuerza en su espalda, le había roto la camiseta y estaba tirada en el suelo.

-Oh dios mío, lo siento, creo que me he pasado de fuerza- dije, sonrojándome.

-No te preocupes, han sido los mejores minutos de mi vida- dijo él con una sonrisa que iluminaba su rostro.

Iba a ser muy difícil decirle que aquello iba a tener que acabarse. Ambos sabíamos que yo estaba con Niall, pero aquello había sido tan hermoso.

-Harry… Bueno.. Los dos sabemos que…- aquello era demasiado difícil. Estaba enamorada de Harry, aunque Niall, era lo mejor del mundo. No podía abandonar a Harry.

-¿Qué esto se tiene que acabar? Sí lo sé…- dijo bajando la mirada. Le acaricié suavemente el pecho, lo que hizo que me volviera a mirar a los ojos.

-Te quiero muchísimo Harry- le abracé. Fue un abrazo muy largo. De los mejores. Me sentía muy protegida en ese momento. Me separé, le di un dulce beso en los labios, me levanté despacio mientras nuestros dedos se separaban, y me fui hacia la puerta.

Después miré atrás, le sonreí, y él me devolvió la sonrisa. Cerré la puerta detrás de mí, y me fui a mi habitación con mis ojos empapados de lágrimas.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Capítulo 20


CAPITULO 20

Volvimos a casa y cada uno se dirigió a su dormitorio sin decir ni una palabra. A la hora de cenar, Anne y Carolina prepararon unos sándwiches y un cuenco de ensalada. Cenamos también en silencio. Y cuando me dirigí a la cocina para dejar mi plato y mis cubiertos usados, sonó el teléfono. Era el doctor de Gemma.

Nos sentamos todos en círculo, mientras que el padrastro de Harry, contestaba a la llamada. La conversación fue muy breve y cuando Robin colgó, su rostro no expresaba nada de alegría. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y un nudo de angustia se formó en mi garganta y en mi pecho.

-No.., no puede ser..-suspiró entre sollozos Anne. Se levantó y se envolvió en los brazos de su marido mientras que ambos lloraban.

Giré mi mirada hacia Harry. Estaba con las rodillas flexionadas y con las manos tapando su húmedo rostro lleno de lágrimas. Carolina y yo nos abrazamos. Al principio no sabía cómo debía sentirme, porque al fin y al cabo no conocía demasiado a Gemma aunque había oído hablar de ella miles de veces. Pero tras unos minutos, el gran y ahogador nudo de mi garganta, hizo que mis ojos también se empaparan de lágrimas.

-Es mejor que os valláis ya a la cama- dijo la madre de Harry aún llorando.

-Pero no podremos dormir con esta agonía- respondí yo. Y era verdad, así de ahogados ninguno dormiría. Anne puso cara seria, se secó las  lágrimas y se puso de pie.

-Pues más os vale porque mañana mismo partís hacia el sur de Inglaterra con los demás. No pienso dejar que os quedéis aquí con la tristeza de esta casa.-dijo ella de nuevo, y se dirigió a la cocina indispuesta a escuchar una sola réplica más. Robin asintió dando la razón a Anne y fue detrás de ella para encerrarse en la cocina. Posiblemente preferirían desahogarse fuera de nuestra vista.

-Vamos chicos- cogí a ambos de la mano y los llevé arriba a descansar.

Los dos habían dejado de llorar. Bueno, Carolina aún sollozaba, pero Harry tenía la mirada perdida en alguna parte. Le dejamos en su habitación para que puediera tener también un rato para él mismo y nos fuimos a nuestro cuarto.

Ya allí, mi amiga se puso el pijama y sin quitarse el maquillaje ni nada, se metió en la cama sin decir palabra. Suspiré profundamente, no era típico de ella comportarse de aquella manera y en una situación normal la habría dicho unas cuantas cosas; pero aquella no era una situación normal.

Me metí en el baño, cerré la puerta y me lavé la cara para limpiarla de todas las lágrimas de aquel día. Yo no llevaba maquillaje así que no necesitaba jabones especiales ni nada. Carolina y yo éramos como las típicas mejores amigas completamente diferentes. Ella era tímida, yo no llegaba a ser extrovertida, pero casi. Yo pedía perdón al momento y solía dar la razón al contrario, en una discusión. Ella por el contrario, era un poco orgullosa. A mí me gustaba vestir cómoda y sencilla y para nada me gustaba maquillarme. Ella también vestía normalmente cómoda pero, siempre iba maquillada. Teníamos diecisiete años así que no me importaban sus manías de que el maquillaje conjuntara con la ropa. De hecho, me hacía mucha gracia verla preparando el conjunto del día. El caso es que todas aquellas cosas, nos hacían mejores amigas porque nos completábamos una a la otra.

Salí del baño tras asearme, me puse el pijama y me metí en la cama. Debía descansar porque tenía claro que Anne no iba a cambiar su idea de que nos fuéramos al día siguiente.

Pasaron como dos horas y yo seguía sin poder dormirme. Era típico de mí no tener sueño hasta tarde, pero decidí que aquello ya era demasiado. Tenía toda la espalda empapada de sudor y gotas de sudor caían por mi frente. Así que me levanté, me puse las zapatillas y salí de la habitación.

Baje a la cocina para tomarme un vaso de agua. Estaba abriendo la nevera cuando, de repente, escuché un ruido en la oscuridad. Era una miedica, pero seguí a lo mío con una ola de miedo en mi cuerpo. Abrí la puerta del armario donde se encontraban los vasos y al coger el vaso, otra vez aquel sonido peliagudo volvió a producirse. Alguien estaba caminando hacia mí y yo estaba aterrorizada. “Tranquila, no pasa nada, ¿quién podría ser?”  Pero seguía oyendo pasos, y yo retrocedía hacia atrás despacio y temblando. Caí al suelo de golpe y cuando fui a gritar, me tapé la boca. En ese momento, a pocos centímetros de mí aparecieron unos enormes ojos amarillos. La luz de la luna me alumbraba y entonces el cuerpo salió a la luz, acercándose más a mí. 

Cuatro pequeñas patitas salieron de la oscuridad. Y un pequeño gatito blanco y negro me lamió la mejilla. Respiré de nuevo. Solo era la pequeña gata de Harry.

-Menudo susto me has dado amiguita- susurré, mientras acariciaba su lomo.- ¿Te subes conmigo a la cama? Así al menos ninguna de las dos estaremos solos.

Me levanté, cogí mi vaso de agua y salí de la cocina, seguida de mi nueva amiga, Molly.